Por Carlos Arredondo
Cuando todo el relato oficial se pone al servicio de alguna causa, el peso de ese relato se hace inmenso, muy difícil de evitar. Tan pesado se pone que comenzamos a perder el sentido común e ingresamos en una dinámica que solo atiende las indicaciones de la historia que nos cuentan.
La muestra de lo que puede hacer -y hacernos- un relato bien montado y organizado, la tuvimos en 2020.
Medios de comunicación, operadores privados -entonces “científicos”-, y operadores políticos -sin distinción de partidos- encabezaron una inmensa y poderosa maquinaria propagandística que nos nubló la cabeza y no dejó que viéramos la situación con un mínimo de perspectiva. Nos infundieron pánico… y nosotros entramos en pánico.
Nuestros vecinos pasaron a ser delincuentes que “festejaban un cumpleaños”, nuestros hijos eran otros delincuentes porque iban a un cumpleaños. Los abuelos pasaron a ser parias y sin piedad, los dejamos solos. Las familias se resquebrajaban, los amigos dejaban de verse. Estar después de las 6 de la tarde en la costanera convertía a cualquier ciudadano de bien en un ser despreciable y la Prefectura los echaba como si fueran animales indeseables.
Lo hicimos, -y lo que no hicimos lo avalamos- y todo fue por el pánico infundido a través del relato.
Es que tal fue la manipulación, que dejamos de actuar por sentido común y empezamos a actuar en “modo automático” de acuerdo a la automatización diseñada y distribuida por el relato.
Lo llamativo es que también dejamos demostrado que perdimos la capacidad de aprender. Es que aquella imponente batería de miedo fue diseñada por los mismos que hace poco mas de 50 años, nos convencieron -o por lo menos lo hicieron con gran parte de la población- que las dictaduras eran una buena cosa para “combatir a los guerrilleros”. Diagramaron un plan y lo aplicaron en todo el continente. Casi en simultáneo se instalaron las dictaduras, y casi al mismo tiempo se fueron. Fue el Plan Cóndor.
Lo pensaron, lo diseñaron, lo aplicaron y lograron que las masas lo aceptaran. No era nada bueno, pero ahí estaban las grandes mayorías aplaudiendo la imposición, convencidas que todo se debía a una causa, e ignorando que todo era un plan orquestado basado en el pánico que infundían, en aquellos años, los guerrilleros.
Es una receta que no les falla cuando la población está distraída, y que también se puede utilizar a la inversa (al fin de cuentas hacer de nuestra voluntad lo que se les canta la gana, les resulta muy sencillo): Se pone toda una batería comunicacional al servicio de una propaganda y se convence a la gente de aceptar asuntos incongruentes, por ejemplo: Los únicos que pueden hablar sobre tal o cual tema, son los que han estudiado. O los avioncitos que dejan estelas son buenos; Es solo vapor de agua. Los partidos políticos solo representan a la gente. Comé tranquilo que el Estado controla, o el verso de moda: Las vacunas salvan vidas.
Pero la receta de infundir miedo para lograr que las mayorías acepten cosas inconcebibles, no solo se aplica a los mega-proyectos, también se la utiliza en planes de menor escala, menos perceptibles, más sutiles, pero con la misma mala intención de hacer daño.
Y mientras escribo esto, no puedo dejar de pensar en la campaña de vacunación contra el sarampión que viene llevando adelante el MSP; Pretende que le tengamos miedo a una enfermedad que toda la vida se curó quedándonos 10 días en casa, y que una vez adquirida, nuestro sistema inmune queda adaptado para evitar que la enfermedad vuelva a afectarnos.
Pero allí están ellos: el MSP, los medios masivos de comunicación, los operadores del negocio de la salud, otra vez, infundiéndonos miedo, pretendiendo que perdamos el sentido común y un objetivo bien claro: Que nos inyectemos “nuestra salvación” y olvidándose que la “neumonía sarampión” es uno de los 1291 efectos adversos reconocidos por la farmacéutica Pfizer, de su vacuna COVID…Pero eso es solo un “detalle”.
Felizmente los uruguayos, parece, que esta vez, no olvidamos lo que aprendimos. ¡Enhorabuena y… Quedate en casa!
Martes 16 de Diciembre, 2025 1.392 vistas