Dr. Fulvio Gutiérrez
Un deportado es una persona que ha sido expulsada de manera forzosa de un país extranjero, por orden de las autoridades del Estado en cuestión. Esto ocurre generalmente por no cumplir con las leyes migratorias, estar sin documentos legales o haber cometido delitos. Es decir, un deportado, es un delincuente que se encuentra residiendo, generalmente en forma ilegal, en un país, y que las autoridades de ese país, en base a esas circunstancias de hecho y de acuerdo a su legislación interna, decide expulsarlo forzosamente.
En el caso que vamos analizar, la deportación es el proceso mediante el cual, se expulsa a una persona extranjera de Estados Unidos, por violar la ley de inmigración, por participar en actos delictivos, representar una amenaza para la seguridad pública, violar su visa, o haber entrado ilegalmente al país. En términos generales, es una persona indeseable, y esa calificación vale para el estado que lo expulsa, pero también para el estado en el que eventualmente aspira a vivir.
Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), una deportación se entiende como: Acto del Estado en el ejercicio de su soberanía mediante, el cual envía a un extranjero fuera de su territorio, a otro lugar, después de rechazar su admisión o de habérsele terminado el permiso de permanecer en dicho Estado.
Es decir, no es un inmigrante. Porque un inmigrante, es una persona que llega a un país o región diferente al de su origen, con la intención de establecerse de forma temporal o definitiva, pero siempre cumpliendo con las normas que, en ese país de destino, regulan el ingreso de personas de origen extranjero. Es decir, no hay ninguna ilegalidad,y menos una conducta delictiva.
Casi todos los uruguayos, tenemos como origen y antecedentes personales y familiares, a bisabuelos, abuelos, padres u otros parientes., que en el siglo XIX o en el siglo XX, tuvieron la valentía de trasladarse de algún lugar de Europa, generalmente España o Italia, e instalarse y crear una familia en el Uruguay, con la intención de quedarse para siempre en nuestra tierra.
Estas consideraciones, vienen a cuenta de una situación insólita que está viviendo nuestro país desde hace pocos meses, cuando se tuvo conocimiento por una publicación en el diario New York Times, de que el gobierno de Estados Unidos, está llevando a cabo un proceso de expulsión y deportaciones masivas de persona indocumentadas, o con causas judiciales, proponiendo acuerdos con distintos países, incluyendo a Uruguay, para que acepten a ciudadanos cubanos y de otras nacionalidades como destinos de la deportación.
Y eso lo sabía el Ministro de Relaciones Exteriores Mario Lubetkin, y no lo dijo. Una vez más, se comprueba que el gobierno no actúa con la más elemental transparencia. Es más, el gobierno de Estados Unidos citó a una reunión a representantes de varios países americanos, donde el Secretario de Estado, Marco Rubio, habló sobre el tema, ante la presencia, entre otros, del embajador de Uruguay en Estados Unidos, Daniel Castillos.
El Departamento de Estado de Estados Unidos, liderado por el secretario Marco Rubio, negocia desde hace tiempo con la Cancillería uruguaya, un acuerdo para que Uruguay reciba a migrantes cubanos y de otras nacionalidades deportados desde territorio estadounidense. El gobierno uruguayo confirmó la existencia de conversaciones en curso, aunque aclaró que aún no hay un compromiso formal ni una propuesta definitiva cerrada. ¡Esto es insólito! Es una barbaridad y rompe con la necesaria transparencia que debió ser característica del actual gobierno. Ahora se sabe que el gobierno de Estados Unidos, entregó en julio, o sea hace más de un mes, a la Cancillería uruguaya, una “propuesta de entendimiento” para que Uruguay reciba a personas deportadas de ese país, en el marco de la política de deportaciones que lleva adelante la administración de Donald Trump.
Ojo, son deportados, son delincuentes, que Trump pide, yo diría que exige, que vengan a vivir a Uruguay, y por supuesto, permanezcan en situación migratoria irregular en el país. Está afectando nuestra propia soberanía como país independiente. Y lo peor de todo, es que Trump, como es su característica, actúa con la fuerza que le da su condición de ser el hombre más poderoso del mundo, frente a un país chiquito como Uruguay, que está condicionado a aceptar sus insólitas propuestas, porque si no, nos aumenta los aranceles sobre los bienes o servicios que se le ocurra, y pone en jaque nuestra economía. No. Así no.
Rotundamente no, porque es denigrante e indigno. Y la oposición al gobierno, debe ponerse firme contra cualquier intento de deportación de cubanos o de cualquier nacionalidad que sea, para que se afinquen en nuestro país. Necesitamos gente extranjera tal vez sí, pero no delincuentes.
Domingo 16 de Agosto, 2026 162 vistas