Por Pablo Vela
Hay personas que ocupan un cargo público y, cuando dejan de ejercerlo, pasan sin pena ni gloria. Hay otras que, por sus decisiones, siguen formando parte de la vida diaria de sus coterráneos. Eduardo Malaquina pertenece, sin dudas, a este segundo grupo.
Hablar del Esc. Eduardo Malaquina es hablar de una etapa importante de la historia reciente de Salto. Fue intendente departamental en tres períodos (1985-1990, 1995-2000 y 2000-2005) y tuvo una particular concepción acerca de lo que debía ser el desarrollo de un departamento que históricamente se caracterizó por su espíritu emprendedor y por su vocación de liderazgo en el norte del país.
Pero quizá su mayor legado no esté solamente en las obras materiales que impulsó, sino en haber entendido que el verdadero desarrollo de Salto debía pasar necesariamente por la educación y por la generación de oportunidades para sus jóvenes.
Ese aspecto merece ser recordado especialmente.
Durante sus gobiernos se fortaleció la presencia de la Universidad de la República en Salto y se avanzó en la descentralización universitaria. La propia UdelaR reconoció, tras su fallecimiento, el papel que Malaquina desempeñó para hacer posible la construcción del actual edificio central de la sede Salto y para consolidar la educación terciaria en el departamento.
También tuvo un papel importante en la instalación y desarrollo de propuestas educativas como la Escuela de Administración y Servicios y el Centro Regional de Profesores del Litoral. Aquello significó mucho más que inaugurar instituciones: significó permitir que muchos jóvenes pudieran estudiar, formarse y construir su futuro sin tener que abandonar Salto.
Y esa es una de las grandes lecciones que dejó Malaquina.
Un departamento no crece solamente cuando construye calles, edificios, hoteles o espacios públicos. Crece verdaderamente cuando consigue que sus hijos tengan razones para quedarse, oportunidades para capacitarse y herramientas para crecer.
Malaquina entendió también la importancia de la cultura como parte del desarrollo. Durante sus administraciones se impulsaron iniciativas vinculadas a la Casa Horacio Quiroga, los museos, la literatura y diferentes espacios culturales. La recuperación de la Casa Quiroga como centro cultural es un ejemplo de esa visión de preservar el patrimonio para convertirlo en una herramienta viva de identidad y conocimiento.
Por supuesto, una columna de opinión no debería convertir a ningún dirigente político en una figura intocable. Malaquina tuvo aciertos y errores, decisiones que generaron adhesiones y otras que provocaron críticas. Fue un dirigente político y, como tal, estuvo sometido al debate democrático. De hecho, quienes fueron sus adversarios también reconocieron con el paso del tiempo su dimensión política y su importancia en la historia departamental.
Pero reconocer una trayectoria no significa dejar de pensar críticamente. Significa, simplemente, tener la madurez de distinguir entre la disputa política de una época y aquellas decisiones que terminaron beneficiando a varias generaciones.
Hoy Salto enfrenta nuevos desafíos. La educación, el empleo, la descentralización, la infraestructura, la cultura, el turismo y la necesidad de generar oportunidades para los jóvenes continúan estando entre las grandes preocupaciones del departamento.
Si algo enseñó aquella generación de dirigentes fue que se puede aspirar a mucho más que ser espectador de las decisiones tomadas en Montevideo. Salto podía tener universidad, formación docente, educación técnica, desarrollo turístico, infraestructura y una agenda propia.
El pasado 31 de agosto el Esc. Malaquina cumpliría 90 años, él que ya forma parte de la historia de Salto. Y la mejor manera de homenajear a quienes hicieron algo por nuestro departamento no es solamente ponerles una calle, recordar sus discursos o mencionar sus obras.
Es continuar pensando en grande.
En épocas de tanta mezquindad, egoísmo y falta de palabra, lo de Malaquina continúa haciéndose más grande.
Miércoles 02 de Septiembre, 2026 138 vistas