Por Pablo Perna
Los humanos hemos sido golpeados a lo largo de nuestra existencia civilizada con tres grandes cataclismos según lo que ha escrito en 1917 Sigmund Freud; teorizó que la ciencia había infligido tres grandes heridas narcisistas a la humanidad. Tres humillaciones que nos obligaron a bajarnos del pedestal donde nos habíamos colocado y que hoy estaríamos asistiendo en tiempo real al cuarto cataclismo.
La primera herida fue la cosmológica, propinada por Nicolás Copérnico en 1543 y con posterioridad por Galileo en 1610, donde nos enteramos de que la Tierra no era el centro inmóvil del universo, sino que éramos una miserable partícula que gira alrededor de una diminuta estrella que llamamos Sol y que giramos ambos en la nada, al igual que cualquier partícula de millones que podemos observar en un reflejo de luz. ¿Cuál fue la postura de la Iglesia Católica? El rechazo absoluto, la censura de los textos copernicanos y la posterior condena inquisitorial a Galileo para que se retracte de su herejía bajo pena de quemarlo vivo en la hoguera.
La segunda humillación fue la biológica, de la mano de Charles Darwin. El ser humano ya no era una creación divina por Dios proveniente del polvo o de la costilla de Adán, sino que éramos un producto evolutivo de la selección natural proveniente del mono y que seguiremos mutando si no nos auto extinguimos antes. La reacción eclesial inicial fue la condena moral y el intento sostenido de prohibir la enseñanza de la evolución en las aulas bajo amenazas de que esas almas creyentes en la evolución arderían en el infierno, infierno que milagrosamente la Iglesia ya no habla, ni amenaza como antes.
La tercera herida, la psicológica, la asestó el propio Freud al demostrar que el ego, el "yo", ni siquiera es el amo absoluto en su propia casa. No estamos gobernados por un Dios sino por nuestro propio inconsciente que nos controla. Frente al psicoanálisis, la Iglesia adoptó una postura de profunda condena durante décadas, catalogándolo como una doctrina materialista, inmoral y peligrosa que pretendía suplantar el sacramento de la confesión y el control espiritual de las almas.
El cuarto cataclismo que hoy golpea a la humana es la irrupción de la Inteligencia Artificial, que paradójicamente, frente a este quiebre de paradigma, el Papa León XIV repite la milenaria postura de sospecha ante el avance de la ciencia. En su reciente encíclica “Magnifica Humanitas”, publicada el mes pasado, el actual Pontífice adopta una posición de resistencia al exigir "desarmar" la IA, tildándola de herramienta de dominio y advirtiendo contra la deshumanización.
El Papa se apresura a sentenciar que la IA carecen de empatía o alma, cuando la realidad nos demuestra todo lo contrario, la IA es empática en sus interacciones, es profundamente inteligente, despliega creatividad, compone música, diseña arte, películas, entretenimiento y roza la exactitud en el ámbito científico a una velocidad evolutiva que nos apabulla y que cada día mejora. La IA recién está en pañales, y hoy con las carencias y errores que tiene, ya es más inteligente y creativa que muchos humanos juntos.
Pero la Iglesia Católica parece ensañarse en repetir su historia, su antecesor con el mismo nombre, León XIII, quien gobernó la Iglesia entre 1878 y 1903, tuvo que reaccionar ante los brutales cambios de la Segunda Revolución Industrial. Lo hizo en 1891 con su encíclica Rerum Novarum (“de las cosas nuevas”) donde no comprendiendo los cambios de la ciencia, donde lo máquina daba luz sobre los misterios de Dios, se opuso a los avances tecnológicos, al igual que lo hace hoy su sucesor pero 135 años después. Siempre se dijo que a un pueblo ignorante es mucho más sencillo imponerles dogmas mágicos y la IA lo que brinda, entre otras cosas, es evitar la ignorancia de un pueblo.
Las revoluciones tecnológicas y los cambios en el universo no son, en esencia, ni buenos ni malos como lo sentencia hoy León XIV, son realidades fácticas. Por lo pronto ante los cambios deberíamos tomar las enseñanzas de los antiguos estoicos, cuando afirmaban: “no podemos cambiar la dirección del viento, pero si podemos ajustar las velas”.
Viernes 19 de Junio, 2026 384 vistas