Por Alexandra Ledesma
Socióloga y Educadora Sexual
Vivimos en una época en la que nunca fue tan fácil mirar sexo. Está a un clic, aparece en una pantalla y muchas veces, lamentablemente, se convierte, en una referencia sobre lo que creemos que debería ser una vida sexual satisfactoria. Pero hay una diferencia fundamental que vale la pena destacar: el porno muestra sexo; el erotismo construye deseo.
No se trata de demonizar el porno ni de decir que consumirlo sea necesariamente un problema. Para muchas personas forma parte de su sexualidad y puede convivir con una vida íntima saludable. La cuestión aparece cuando la pantalla empieza a ocupar el lugar de la experiencia, o cuando lo que vemos allí se transforma en una vara con la que medimos nuestro cuerpo, nuestro desempeño o el de nuestra pareja.
El porno trabaja con lo inmediato, el erotismo, en cambio, necesita tiempo, una imagen puede provocar excitación en segundos, pero el deseo dentro de una relación suele construirse mucho antes de entrar al dormitorio: en una mirada que se sostiene, en un mensaje inesperado, en sentirnos deseados, en una conversación, en el contacto cotidiano, en la posibilidad de extrañarnos. El erotismo también vive en aquello que todavía no sucede.
Y ahí aparece una confusión frecuente: creer que para mantener viva la sexualidad de una pareja hay que imitar lo que vemos en una pantalla. Como si hubiera que tener determinados cuerpos, determinadas prácticas, determinada frecuencia o un rendimiento permanente. Pero el sexo real no tiene guion, edición ni cámara. Hay días de mucha pasión y otros en los que simplemente necesitamos dormir. Hay cuerpos que cambian, inseguridades, cansancio, hijos, trabajo, estrés y momentos en los que el deseo necesita ser reencontrado.
El problema no es que el porno muestre sexo, es que puede mostrar una sexualidad separada de muchas cosas que hacen que el deseo sea verdaderamente nuestro: el vínculo, la confianza, el consentimiento, el humor, la vulnerabilidad y la posibilidad de decir “esto me gusta” o “esto no”. Una escena puede mostrar excitación, pero no puede mostrar lo que significa sentirse elegido por alguien que conocemos de verdad.
El erotismo tampoco significa hacer grandes producciones ni convertir cada encuentro en una escena perfecta, fríamente editada. A veces empieza mucho antes: cuando dejamos de mirar a nuestra pareja solamente como alguien que comparte responsabilidades y volvemos a verla como una persona que nos atrae. Cuando aparece una conversación que no tiene que ver con cuentas, hijos o tareas domesticas. Cuando recuperamos cierta intimidad propia, porque estar permanentemente juntos tampoco garantiza sentirse deseados.
Quizás por eso una pareja puede tener mucho sexo y poco erotismo. Y también puede atravesar una etapa con menos frecuencia sexual y, sin embargo, conservar una enorme conexión erótica. Porque cantidad y deseo no son sinónimos.
El porno puede mostrar cuerpos desnudos, el erotismo nos recuerda que el deseo no nace solamente del cuerpo desnudo, sino de cómo alguien nos hace sentir cuando nos mira, nos escucha y nos desea.
Tal vez el desafío no sea preguntarnos cuánto se parece nuestra vida sexual a lo que vemos en una pantalla, sino cuánto se parece a nosotros.
Porque el sexo puede comenzar en la cama, pero el erotismo empieza mucho antes, y trasciende las paredes de la habitación e incluso de la imaginación.
Jueves 24 de Septiembre, 2026 86 vistas