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Domingo 26 de Julio, 2026 126 vistas

Fe de erratas

Por el Dr. César Suárez
El error constituye una condición que suele acompañarnos en cada uno de nuestros actos porque cada conducta asumida puede ser cuestionada modificada y mejorada y la mejor manera es percibir los, reconocerlos e intentar enmendarlos y ese cúmulo de errores que acompañan a cada uno de nosotros a través de toda la vida son fatales cuando no se reconocen, pero cuando se asumen y se intentan corregir van generando en cada uno una experiencia y una trayectoria que se traduce en sabiduría para enfrentar lo que sigue.
Desde tiempo inmemoriales he escuchado la frase, “errare humanum est” expresado en el latín, una expresión que tiene gran antigüedad que según lo que dice por ahí, se trata de una frase atribuida a Séneca el Joven que vivió hace 20 siglos, aunque no hay certeza acerca de su autoría, lo que si es cierto es que la frase resulta ser muy antigua y se extiende hasta nuestros días por lo que la condición humana no ha cambiado, solemos vivir de error tras error.
Pero esa frase, tenía un complemento agregado por Agustín de Hipona, 400 años después que expresada en su totalidad decía, Humanum fuit errare, diabolicum est per animositatem in errore manere[2] («Errar ha sido humano, pero es diabólico permanecer en el error por orgullo»).
No reconocer un error genera un daño inmediato y a largo plazo para la persona que lo ha cometido, pero aún más daño genera cuando ese error personal termina por afectar a otra persona o a muchas, generadas por orgullo personal o por terquedad sobre todo cuando se ostenta poder para dañar a otros.
Yo, al igual que cualquiera, suelo cometer errores ya sea por distracción o torpeza, pero cuando los percibo, siempre intento enmendar el error cometido, aunque en ocasiones hay errores que puede dejar secuelas no reparables, aunque no el caso que me referiré a continuación.
La semana pasada en mi columna que titulé “Proscatinar Palabra complicada si las hay”, y sin duda, tan complicada es que la escribí mal, se me dieron vuelta las letras porque la forma correcta de escribirla es procrastinar que significa “posponer en forma voluntaria tareas, obligaciones o decisiones importantes, cambiándolas por actividades más placenteras, fáciles o menos urgentes”
Cometí un grave error gramatical que sólo me di cuenta cuando revisé la columna ya publicada en el diario del domingo 20 de julio, por lo tanto, el error ya había sido cometido y lo único que me quedaba era intentar enmendar el error en la edición siguiente, la de este domingo 27 de julio.
Una vez más pude comprobar mi condición de humano al sumar una equivocación más a otros miles cometidos a través de la vida, pero siempre intentando de reconocerlas y enmendarlas y tomarlas en cuenta para intentar no volver a cometerlas.
Sólo me queda pedir disculpas e intentar, sobre todo por mi bien, ser más cuidadoso, por supuesto que no prometo no cometer más errores, sólo prometo tener más cuidado y no conformarme con la frase “errar humano es”.
De todos modos, pretendo seguir siendo humano tratando de equivocarme lo menos posible y mantener la voluntad de corregir cada error cometido y humano y todo, no ser tan distraído.