Por el Dr. César Suárez
La información es una herramienta trascendente para tomar decisiones con fundamento y las empresas invierten muchos recursos en obtener datos lo más precisos posibles para planificar sus proyectos.
Algunas de esas informaciones son públicas y están al alcance de cualquiera que las quiera gestionar, pero hay otras informaciones que forman parte de los secretos empresariales que no salen a luz en forma fácil o en otros casos son informaciones reservadas o confidenciales a las que es difícil de acceder, pero las empresas de porte manejan estrategias para hurgar, muchas veces a través de recursos no convencionales y en ocasiones que colidan con las normas éticas y hasta legales o contratando CEOS de la competencia que viene con toda la información incluida.
Quién no ha visto películas de espías, muchas de las cuales son practicadas por gobiernos contra otros gobiernos intentando obtener información vital en áreas importantes tanto del punto de vista comercial como en el área de la defensa e intentar saber qué planes tienen un Estado, desentrañar secretos sobre armas, sobre desarrollo científico para intentar acortar camino hacia el acceso a información vital.
En todas estas estrategias, el dinero juega un papel trascendental y la capacidad económica de los Estados disponen de recurso suficientes para comprar conciencias, algunas muy accesibles y otras sumamente costosas pero que el resultado de esa información suele resultar mucho más valiosa de que lo que se invierte.
Ese espionaje en ocasiones trae beneficios muy importantes que, a su vez, significa un gran perjuicio para el espiado que tampoco es ningún inocente porque a su vez, está espiando al espiador y a otros y como nadie quiere quedar mal parado en esta circunstancia, surgen el contraespionaje en un memorable enredo, que cuando estas historias se llevan al cine, resultan difíciles de seguirles el hilo para entender quién es quién.
Pero nadie está exento de ser espiado y ahora, aunque alguien no lo crea, en cualquier casa hay varios espías que nos vigilan en forma continua las 24 horas del día.
En mi casa, hay un espía, con el agravante que yo le pago el sueldo y sabe todo acerca de mí, mi nombre y apellido, donde vivo, cual es mi documento, con quien hablo cada día, quien me llama, que me dice, que le digo, que compro, donde compro, que pienso, que prefiero, que detesto, cuando cobro, cuanto gasto y en qué, que películas veo, de que cuadro son hincha, cual es mi pensamiento, mi ideología, a qué hora me despierto, a donde voy, que trayecto hice, adonde entré, cuanto tiempo estuve, cuanto gasto de energía eléctrica, cuanto pago de agua corriente, que compré, que ando queriendo comprar, donde compré y no me deja ni a sol ni a sombra.
Lo peor de todo, que ese espía es una suerte de robot que me costó dinero para que viniera a casa y me exige que le pague un sueldo mensual para seguirme espiando y genera como una suerte de radiaciones que me afectan el cerebro y me generan adicción al punto que no me puedo separar de él.
Ni siquiera es una persona, es una máquina denominado móvil o teléfono celular y creo que hasta me escucha cuando lo tengo apagado porque casualmente me pongo hablar acerca de algo que me hace falta o quiero comprar y casualmente me llega una oferta de esa cosa.
Ni se te ocurra cometer un delito, estás frito, te decomisan el celular y ya saben todo de ti y salen a luz en los informativos historias paralelas que nada tiene que ver con el delito cometido y tu vida pasa al dominio público porque el “chismoso” cuenta todo cuando te descubren la contraseña.
Hay un espía en mi casa y lo peor, genera adicción y no me puedo liberar de él.
Domingo 14 de Diciembre, 2025 209 vistas