Por Pablo Perna
El viernes pasado, en Montevideo en plena Rambla a la altura de las Canteras del Parque Rodó, asesinaron a sangre fría a un niño de 12 años de edad con una ráfaga de metralla. El lugar estaba colmado por más de 200 motos y autos aglomerados en picadas clandestinas. El ataque duró pocos segundos, pero además de la ejecución intencionada del menor, dejó heridos a un adolescente de 14 años y a cuatro adultos.
La Policía, al intentar intervenir tras los llamados al 911, fue recibida a pedradas por la multitud. La víctima fatal era hijo de uno de los referentes del clan de “Los Puglia” y los atacantes fueron directamente a buscarlo a él por “Los Suárez”, la banda narco capitalina rival. La lectura policial fue inmediata: "hijo por hijo".
Dos semanas antes, la violencia había mostrado la misma crueldad en el barrio “El Monarca”. Un grupo armado del clan “Los Puglia” irrumpió en una vivienda y descargó una ráfaga de balas a corta distancia, ejecutando a cinco personas. En el lugar cayeron tres hermanos del clan de Los Suárez, dos jóvenes de 18 años y uno de 28, junto a una mujer de 32 años y su hija de 14 años. Aquella sangrienta incursión en El Monarca fue el detonante de la vendetta entre los clanes rivales que derivó en la posterior represalia en plena rambla montevideana. Lo que veíamos en México o Colombia cuando éramos mucho más jóvenes, hoy esa realidad camina impunemente entre nosotros.
Mientras tanto, en las altas esferas del Gobierno del Frente Amplio, jerarquizado por el popular Yamandú, la respuesta oficial para combatir a estos clanes familiares narco, ha sido sacar a patrullar vehículos blindados militares, pero el despliegue cinematográfico duró poco, al primer día que salió el primer blindado a patrullar, se detuvo intempestivamente, no por cumplir su cometido, sino por desperfectos mecánicos. Es conmovedor ver la firmeza del Gobierno zurdo, no hay dudas de que el crimen organizado, con las 49 bandas identificadas solamente en Montevideo, debe estar temblando de pánico ante semejante demostración de astucia, disuasión y eficacia operativa.
Esta misma desconexión se trasladó al norte del país tras el devastador temporal que azotó a nuestra ciudad, vientos entre 130 a 160 km/h destruyeron más de 300 emprendimientos hortícolas, volaron techos y se cobraron la vida de una salteña de 49 años que circulaba en moto. Frente a la agonía, la pérdida y la incertidumbre de familias enteras, la respuesta institucional llegó de la mano del ministro Alfredo Fratti, quien con más de 70 años y sus gorros texanos bizarros, en una suerte de fantasear ser un viejo patricio antiguo y obsoleto, ante el caos reinante dejó una frase para el recuerdo durante su reunión con los productores: "al grande, un besito en la frente y seguí para adelante".
Es asombroso observar la sensibilidad de un hombre añoso y de izquierda ante las pérdidas injustas de las inclemencias del tiempo, donde años de trabajo se esfuman en pocos segundos. Al sufrimiento de los productores de la voladuras de invernáculos, galpones, techos, cultivos, ¿por qué sumarse los improperios desubicados propios de una persona ordinaria?
Cuentan las crónicas de la Segunda Guerra Mundial que, tras el desembarco de Normandía en 1944 y con las fuerzas aliadas acorralando a Hitler, el alto mando nazi pasaba días enteros debatiendo acaloradamente en sus oficinas sobre el diseño exacto de las insignias, cantidad de botones y largos de los uniformes de reserva. Discutir la estética de un botón mientras el régimen nazi caía a pedazos, es la postal perfecta de un mando totalmente desconectado de la realidad. Hoy la escena se repite en clave local, ante la violencia desbordada y un sector productivo en ruinas, el gobierno responde con blindados que no andan, discursos improvisados y “besitos en la frente”.
Viernes 31 de Julio, 2026 400 vistas