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Lunes 15 de Junio, 2026 27 vistas

Increíble

Por el Padre Martín Ponce De León
La historia de esta familia bien puede resumirse en el título de este artículo. Es una historia donde se mezclan situaciones muy complejas y situaciones increíbles.
Hace un tiempo que le conozco y, siempre, me ha llamado la atención sus ganas de salir adelante. Siempre que llegamos a su casa nos encontramos con realidades que dicen de problemas y de empeños. 
Cuando le conocí estaban construyendo una pieza que habrían de utilizar como cocina ya que el espacio que tenían para ese uso lo iban a utilizar para abrir un pequeño almacén en el barrio donde residen. Tal barrio es uno de los muchos que rodean la ciudad. Barrio de gente humilde y trabajadora donde uno puede palpar la desocupación y el consumo de sustancias.
Tiempo después construyeron otra pieza puesto que habían adquirido un horno de panadería puesto comenzarían a realizar algunos productos panificados. También habían adquirido unas vitrinas donde habrían de exhibir los productos para vender.
Siempre despertaba mi atención la cantidad de niños chicos que vivían en aquella casa. Con el tiempo supe que los hijos de aquel matrimonio eran unos jóvenes que allí vivían y los pequeños eran de un familiar y estaban al cuidado de aquella señora y su esposo.
Ella constantemente hablaba de sus ganas de poder salir adelante con la venta de sus productos. Todo en su hablar era optimismo y ganas. 
Solamente una vez le escuché hablar con desánimo y lágrimas en los ojos. Uno de sus hijos le había creado un problema muy difícil de aceptar. En esa oportunidad le escuché con ganas de bajar los brazos.
Poco tiempo después el impacto de lo sucedido ya había pasado, por más que, aún, quedaban las huellas. Volvía a hacer proyectos y a trabajar con optimismo y fortaleza.
Un día, al llegar a aquel lugar, parecía como que los niños se habían multiplicado. Un grupo de familiares del esposo se habían venido de Argentina y se encontraban viviendo con ellos. No recuerdo el número de chicos que, acompañados por la madre, estaban en aquella casa.
Los niños y la madre podrían competir entre ellos a ver a quien era el más delgado. Allí estuvieron unos cuantos meses hasta que decidieron retornar a donde habían salido. No se quejaban de la nueva situación que debían afrontar, pero, sin duda, el retorno de esa gente a la Argentina debe de haber resultado un gran respiro. Nuevamente a hacer planes y a permitir los sueños y los proyectos fueran tema de conversación.
No tengo muy en claro cuál ha sido el organismo que decidió que le fueran quitados los tres hijos a una hermana de la dueña de la casa y fueran confiados al cuidado de ella.
Tres niños pequeños que se suman a la responsabilidad de aquel matrimonio. El más pequeño es un niño de muy poco tiempo de vida. Pañales y leche se han sumado a los gastos necesarios que se deben afrontar.
Ahora no hablan de proyectos ni de sueños. Hablan de esos tres pequeños a los que deben cuidar con responsabilidad. Hablan de la realidad que llegó a su casa para modificarles la situación y encarar realidades que, suponían, ya habían quedado atrás en el tiempo.
No protestan ni reniegan de su situación. Hablan con naturalidad y optimismo. Con coraje y determinación. Hablan de lo que les ha tocado con naturalidad, como si fuese algo que estaban deseando o esperando.
No puedo menos que experimentar un profundo respeto por esa gente y sentir que lo que han asumido no responde a otra cosa que al pobre título de este artículo.
Dios les bendiga y les ayude para que todo sea para bien. Lo mejor para ellos