Por el Padre Martín Ponce De León
Una vez más, Señor, me encuentro ante ti y, muy bien no sé cómo decirte lo que siento.
Quisiera hablarte de este nuevo año que está comenzando, pero me resulta imposible no hablarte de lo sucedido en Venezuela.
Sin lugar a dudas, se están viviendo situaciones, en extremo, delicadas y no sé que debo decirte.
La realidad de 6 u 8 millones de exiliados era una voz demasiado poderosa como para no ser tenida en cuenta.
La existencia de casi mil “presos políticos” era una realidad que decía que algo no estaba bien.
La voz que dice “Ahora nos ocuparemos nosotros de reestablecer el orden y la transición” no deja de ser una voz preocupante.
La intervención militar en un país ajeno, para resolver lo que se consideraba un problema, no deja de ser una situación altamente preocupante.
Por ello es que, Señor, muy bien no sé lo que debo decirte.
Las noticias no informan si los “bombardeos selectivos” causaron pérdidas de vidas humanas (daños colaterales) y ello es evidente puesto que la historia es narrada, hasta el momento, por una única campana.
Mientras se escuchan algunas voces que hacen sentir su descontento ante lo que consideran un ataque a la “libre determinación de los pueblos”, otras voces, aún, mantienen silencio frente a lo sucedido y otras voces apoyan lo acontecido. Ello es lo que, la realidad dice, siempre, sobre lo que sucede. Algunos apoyan, otros censuran y otros callan.
Lo único que se me ocurre decirte es: PAZ.
Sí, que todo sea un paso para la paz. Que no haya más violencia o represión.
Que todo sea para que ese pueblo pueda disfrutar de la paz que ofrece la fraternidad.
Que esa paz permita crecer la unidad y ello construya prosperidad.
Que muchos decidan volver a apostar por su patria y unir sus esfuerzos por la paz.
Que no crezcan las divisiones y los antagonismos. La paz construye unidad.
Que no sea tiempo de revanchas o de rencores sino de mirar juntos en una misma dirección.
Que puedan volver los muchos que se han ido sin temores y con deseos de reconstruir lo que, por diversas razones, habían abandonado.
Que, por sobre intereses particulares, sea un tiempo para la búsqueda del bien común.
Es un tiempo donde serás muy necesario para cicatrizar heridas y permitir sueños.
Serás muy necesario para que, entre todos, sin ayuda externa o interesada, busquen sus mejores caminos para que todos tengan las oportunidades necesarias para volver a ilusionarse.
Serás muy necesario para recuperar lo perdido y superar enfrentamientos.
Serás muy necesario para que se pierdan los temores y crezca la unidad y la libertad.
Si, Señor, es todo lo que se me ocurre decirte.
No quiero entrar en juicios o en cuestiones políticas puesto que todo me resulta demasiado complejo y distante como para poder hacerlo. Debería tener muchos elementos que, sobradamente sé, carezco de ellos y nunca se habrá de conocer toda la verdad.
Por ello, simplemente PAZ y serás necesario. Dales tu mano.
Lunes 05 de Enero, 2026 120 vistas