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Jueves 03 de Septiembre, 2026 192 vistas

“Cuidar sin sobreproteger: el valor de la autonomía”

Por Natalia Flores 
Licenciada en Terapia Ocupacional. 
Centro Integra Salto. (centrointegrasalto@gmail.com.uy)
Celular: 091 289 604 
Ayudar no siempre significa hacer por el otro. A veces, cuidar es acompañar, esperar y confiar en sus capacidades para que pueda hacer, elegir y participar en su propia vida. Como padres, por ejemplo, sabemos que preparar la mochila lleva cinco minutos, mientras que si lo hacen nuestros hijos puede llevar quince. 
Entonces la preparamos nosotros. Los vestimos porque tenemos apuro. Ordenamos sus juguetes. Les alcanzamos todo porque es más fácil. Lo hacemos con amor. Queremos cuidar. Sin embargo, en ese intento de ayudar, podemos quitarles algo muy importante: la posibilidad de hacer por sí mismos. 
La autonomía significa poder participar, elegir, decidir y realizar, de acuerdo con las posibilidades de cada persona, aquellas actividades que forman parte de su vida cotidiana. Para un niño, autonomía puede ser elegir su ropa, ponerse los zapatos, preparar una merienda sencilla, guardar sus juguetes o preparar su mochila. Para una persona mayor, puede ser continuar preparando su desayuno, regar las plantas, hacer una compra o elegir qué quiere hacer durante el día. 
Quizás parezcan cosas pequeñas. Pero no lo son. Cada vez que una persona logra hacer algo por sí misma, también construye confianza: “puedo”, “soy capaz”, “puedo intentarlo”. Y esa sensación es importante a cualquier edad. Para que esto sea posible, hay algo que muchas veces dejamos en segundo plano: las rutinas y los hábitos. Tener una rutina no significa vivir con horarios rígidos ni tener cada minuto del día planificado. Significa contar con cierta organización que nos ayude a saber qué tenemos que hacer, cuándo hacerlo y qué esperamos de nuestro día. 
En los niños, las rutinas brindan seguridad y anticipación. Saber que después de levantarse viene vestirse, desayunar y preparar la mochila les permite ir incorporando progresivamente esas actividades y asumir pequeñas responsabilidades. Los hábitos se construyen con repetición. Lo que al principio necesita mucha ayuda de un adulto, con el tiempo puede convertirse en algo que el niño reconoce y realiza con mayor independencia. Y esto también sucede durante toda la vida. 
Las rutinas nos ayudan a organizar nuestras actividades, cuidar nuestro tiempo, sostener hábitos saludables y participar de aquello que es importante para nosotros. Cuando por algún evento o situación en particular aparecen dificultades, mantener una rutina puede ser todavía más importante. Una discapacidad, una enfermedad, una lesión o los cambios propios del envejecimiento pueden hacer que algunas actividades que antes eran sencillas ahora requieran más esfuerzo. En esos momentos, quizás necesitemos adaptar los tiempos, modificar una actividad, incorporar apoyos o encontrar una nueva manera de hacer las cosas. Es aquí donde puede intervenir la Terapia Ocupacional. Desde nuestra profesión los terapistas ocupacionales trabajamos con las actividades de todos los días: jugar, estudiar, trabajar, vestirse, cocinar, organizarse, cuidar a otros, descansar, disfrutar de un hobby o compartir con la familia. 
Observamos qué está dificultando la participación y buscamos estrategias para que la persona pueda desenvolverse con la mayor autonomía posible. Porque no siempre se trata de volver a hacer las cosas exactamente como antes. Muchas veces se trata de encontrar una nueva manera de hacerlas. Y esto es una invitación para las familias: cuidar no significa controlar, ni hacer todo por el otro. Cuidar también es acompañar, enseñar, ofrecer oportunidades y confiar en las capacidades que cada persona tiene. A veces tendremos que esperar un poco más. 
Aceptar que quizás no lo haga de la misma manera que nosotros. Permitir que se equivoque. Darle tiempo para aprender. Porque cuando hacemos todo por alguien, resolvemos una necesidad del momento. Pero cuando ayudamos a que pueda hacerlo por sí mismo, estamos construyendo algo mucho más importante: autonomía, confianza y participación en su propia vida. Cuidar también es crear espacios donde el otro pueda hacer, elegir y crecer. A veces cuidar es tender una mano. Y otras veces, cuidar es saber cuándo aflojarla para que el otro pueda caminar por sí mismo.