Por Alexandra Ledesma
Hablar de salud sexual sigue siendo, para algunas personas, un territorio incomodo. Sin embargo, es uno de los indicadores más sensibles de nuestro bienestar integral. Me gusta decirlo, la sexualidad no funciona de forma aislada, es más, responde a todo lo que hacemos, sentimos, incluso a como pensamos.
El descanso, la alimentación, el manejo del estrés, y sobre todo la forma en que nos hablamos internamente, son hábitos, que pueden llegar a ordenar o a desordenar y la salud sexual es de las primeras áreas en manifestarse.
Somos un todo, el cuerpo no está compartimentado, si el descanso es poco, si vivimos acelerados, si el organismo siempre se encuentra en modo supervivencia, nos ahogamos en cortisol, esto inevitablemente altera la libido.
Las dificultades que surgen pueden venir de la disminución de la lubricación, en la erección, o en la falta de disfrute.
No quiere decir que falte amor, que haya perdida de interés por el otro, simplemente el cuerpo se manifiesta, es agotamiento físico y emocional.
En este escenario también, es importante, el control alimenticio y el ejercicio físico. Comer de manera compulsiva, saltear comidas, utilizar comidas como regulación emocional tiene un impacto directo en el autoestima.
La cuenta es sencilla, si nos sentimos pesados, con una desregulación hormonal, con picos de glucosa, si el aumento de peso altera la circulación sanguínea, todo esto es clave para una buena respuesta sexual.
Esto muchas veces afecta nuestra relación con el propio cuerpo, se carga de culpas, de insatisfacción, la intimidad se vive con inseguridad.
La falta de ejercicio complejiza aun más el problema, el sedentarismo es un gran enemigo, a todos los niveles. No solo disminuye la resistencia física sino también afecta el estado de ánimo de las personas en general.
Somos conscientes que la actividad sexual requiere energía, necesita que estemos activos físicamente además de la conexión psico-emocional. Ejercitarnos, si hacemos analogía con las maquinas, permite un mejor engranaje, no nos oxidamos, mejora la función cardiovascular, liberamos endorfinas, por ende también reduce ansiedad. Acá no solo se trata de un ideal estético, sino de fortalecer la autoconfianza y la percepción que tenemos de nosotros mismos y como habitamos nuestro cuerpo.
Cuando nos sentimos bien con nosotros mismos, lo transmitimos, y estamos mas dispuestos a los encuentros íntimos, cargamos menos mochilas, nos conectamos con el otro desde otro lugar.
Es de gran importancia también hablar de los hábitos emocionales como parte del buen engranaje de la respuesta sexual. Así como lo hablamos en la columna anterior, nuestra voz interior tiene un gran papel en nuestras vidas. Vergüenza, miedo, auto-exigencia, solo dificultan o directamente bloquean el deseo sexual.
Debemos siempre tener en cuenta, que la salud sexual no es solo ausencia de disfunción entre otras, es el bienestar en general, es placer, consentimiento, buena alimentación, seguridad, confianza, tranquilidad, autoestima.
Cuando decidimos ordenar todos estos aspectos, es cuando se produce el resultado que esperamos, esta organización nos brinda una dosis necesaria de energía que también se expresa en la vida sexual.
Y acá no se trata de rendimientos, muy lejos de eso, se trata de coherencia entre lo que buscamos y como nos cuidamos para eso que buscamos, pienso, siento digo y actúo, coherencia.
La sexualidad no es un objetivo aislado, es el mero reflejo de cómo nos habitamos.
Jueves 05 de Marzo, 2026 272 vistas