Por la Dra. Esc. Alejandra Altamiranda
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Hace apenas unos días el Papa publicó una encíclica social, abordando uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial, la que, sostiene, debe estar al servicio de todos, no en manos de unos pocos.
Expresa en lo medular que la tecnología no es una fuerza antagónica respecto a la persona, ni un mal en sí misma, pero sin embargo no es neutra, porque “asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”, con lo que advierte sobre la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital.
Para luego pasar a la parte dispositiva, alertando sobre la necesidad de un código ético compartido sobre la IA, en tanto el paradigma tecnocrático basa sus elecciones exclusivamente en parámetros de eficiencia y beneficio.
Así, propone políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios.
En rigor el documento recoge, con perfil propio y en perspectiva de la Iglesia, la preocupación creciente que se manifiesta en el uso -también creciente- de esta tecnología para propiciar procesos no favorables precisamente, con lo que sugiere sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; “para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano”.
Y la principal preocupación, en nuestra lectura del documento, es el crecimiento de la técnica eliminando los límites de lo humano.
Este punto se evidencia en el manejo de la información. En efecto, adviértase que muchas veces nos preguntamos si las noticias e imágenes de guerras y otras situaciones que nos llegan, son reales. La encíclica considera a la verdad como un bien común y un elemento esencial de la democracia y en el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una “ecología de la comunicación” para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de “homologación y dominio”, sino en un espacio para el pensamiento crítico”.
Y en lo que a este resumen del documento refiere, nos interesa destacar los instrumentos propuestos: transparencia en los criterios de selección de contenidos, protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, una nueva conciencia en el uso correcto y crítico de la IA y la integración de los conocimientos.
Para finalizar, un llamado fundamental a una alianza educativa renovada, para que en los jóvenes no se apague “el deseo de hacer preguntas”, a causa de máquinas perfectas que hacen parecer inútil el pensamiento humano. Expresa el Papa, “debemos educarnos en el ayuno de la IA”, eliminando las desigualdades en el acceso a la educación y apostando por la escuela como lugar donde se aprende a “buscar y amar la verdad” y se enseña lo que lo digital no puede dar: “tiempo compartido para aprender y relaciones fiables”.
El instrumento incluye otros temas en torno al mismo fenómeno, pero nos pareció particularmente importante analizar este.
Jueves 04 de Junio, 2026 358 vistas