Por Alexandra Ledesma
Socióloga y
Educadora Sexual
Compartir experiencias nos vuelve más sabios, y no lo digo porque lo pude leer en algún libro o sitio de internet, es algo que por suerte se vive a diario.
Hay aprendizajes que no vienen de manuales, nacen de conversaciones, de relatos compartidos, en la escucha y en la devolución que damos de acuerdo a lo que también vivimos.
Compartir experiencias es una forma, más que antigua, y ni que hablar de valiosa, del aprender humano, nos permite ampliar la mirada y porque no reflejarnos en otros.
Cada cual hace su camino al andar, camino que es único, con aciertos, errores, con su debido proceso, y sus tiempos.
Cuando nos animamos a compartir este recorrido, a contar nuestra experiencia, no solo estamos contando algo, estamos ofreciendo una herramienta, y muchas veces sin siquiera darnos cuenta.
Tal vez en forma de idea, porque no advertencia, una nueva forma de resolver un conflicto, o simplemente el hecho de saber que se puede salir de eso, que lo que parece imposible, también se supera.
Las experiencias ajenas nos ayudan a salir del pensamiento limitado, de eso de que “esto solo me pasa a mí”. Muchas veces, al escuchar a otros, nos damos cuenta, que algunas dudas, miedos, incertidumbres, emociones, sentires o problemas, son compartidos. Eso nos permite identificarnos, reflejarnos, nos lleva quizás también a cuestionarnos cosas que antes no, o a ser más amables con nosotros mismos. Esto genera alivio, y nos permite ver con claridad desde una nueva perspectiva, lo que para algunos es un problema insuperable, para otros puede tratarse de una gran oportunidad de cambio. Y es ahí donde crecemos, de lo que nos nutrimos.
También compartir esas experiencias, nos amplían nuestra cajita de herramientas emocionales, venimos a la vida a aprender constantemente, de todo, aprendemos a perder, a amar, a superar, a ganar, a sentir todo tipo de emociones incluso cuando menos lo esperamos, y es ahí donde saber como otros atravesaron esa misma situación o emoción, nos permite manejar otros recursos que quizás nunca estuvieron en nuestras planes.
¿Y saben porque esto es algo especial? Porque es propio de los seres humanos, contar las experiencias, escuchar las de otros, nos amplia el horizonte, se abre una puerta, se tiende un puente a lo mas intimo de otro ser, se establece confianza, seguridad, cercanía y sobre todo empatía. En el mundo que hoy habitamos, acelerado, superficial, roto, establecer lazos con otros se vuelve misión imposible o simplemente algo que ya no quita el sueño. El individualismo llego para quedarse y es por eso que compartir vivencias se vuelve indispensable para no terminar de romper el tejido social.
También la lectura puede ser otra, puede pasar que al contar una experiencia, nos transforme, ya que poner en palabras lo vivido puede que nos ordene, nos reorganice los pensamientos, y hasta lleguemos a re significar eso que nos paso. Se puede de esta manera descubrir cosas que al hablarlas las entendemos al fin, o que quizás duelen menos, o le damos otro significado.
Debemos poder ver el gran potencial de las vivencias compartidas, es ahí donde surge muchas veces el conocimiento, las historias que inspiran, las que acompañan.
Nadie es dueño de la razón y cada experiencia se desarrollo en un contexto distinto, pero todo suma, todo enseña, e incluso puede cambiar la forma en que encaramos nuestra propia vida.
En este intercambio siempre salimos un poco más sabios, más ricos.
Jueves 12 de Marzo, 2026 51 vistas