Por Cary de los Santos Guibert
El establecimiento vitivinícola de Pascual Harriague se encontraba a pocas cuadras de la ciudad del Salto Oriental, sobre la margen del río Uruguay, frente a Concordia. Su localización no solo facilitaba el acceso al comercio fluvial, sino que lo integraba a la dinámica productiva regional, en un momento de expansión agrícola y de creciente interés por la vitivinicultura en el litoral.
EXTENSIÓN Y PLANTACIÓN
En 1891 el viñedo contaba con unas 750 cuadras plantadas, equivalentes a cerca de 130 hectáreas. La cepa predominante era la Harriague (hoy conocida como Tannat, nos representa en el mundo), acompañada por otras variedades como semillón blanco, cabernet sauvignon, pinot noir, cot rouge e isabella. Todas se encontraban en buen estado vegetativo, con abundante fruto y sin registrarse enfermedades, lo que evidenciaba un manejo cuidadoso del cultivo.
PRODUCCIÓN Y RENDIMIENTO
La vendimia anterior había alcanzado unas 3.500 bordalesas, cifra significativa para la época. El año siguiente prometía incluso mayores resultados, estimándose entre 3.500 y 4.000 bordalesas. Parte de la producción se destinaba a vino tinto, mientras que el blanco se obtenía en cantidades menores pero regulares.
LA BODEGA Y SU CAPACIDAD
La bodega era considerada imponente. El edificio principal medía 100 varas de largo por 33 de ancho, con un piso bajo semisubterráneo que favorecía la conservación. Disponía de 22 grandes tinas de madera y 6 piletas para fermentación tumultuosa, capaces de contener en conjunto unas 1.000 bordalesas. Una segunda fermentación se realizaba en 24 grandes fudres, cada uno con capacidad cercana a 100 bordalesas.
INFRAESTRUCTURA Y PROYECCIÓN
El establecimiento empleaba entre 80 y 100 personas, cifra que superaba las 150 durante la vendimia. El resto del edificio estaba ocupado por toneles bien acondicionados, donde el vino se clarificaba en condiciones favorables. Aun así, la capacidad instalada comenzaba a resultar insuficiente, proyectándose la incorporación de nuevos fudres y tonelería para alcanzar entre 8.000 y 10.000 bordalesas, consolidando así uno de los emprendimientos vitivinícolas más importantes del país, orgullo de los vecinos del Salto Oriental.