Por Alexandra Ledesma
Socióloga y Educadora Sexual
Históricamente la edad influyó en muchas cosas, casi que en todo, los años nos marcaban el ritmo de la vida en muchísimos aspectos, pero hoy, ¿hoy es así?
No es distinto al momento de iniciar un vinculo, también buscamos saber si la edad nos va a afectar la relación en algún punto, como si ese número pudiera hablarnos de la calidad del vinculo en sí.
Pero, la edad ¿realmente importa?
La respuesta no es definitiva y única, tiene sus claroscuros.
Importa, porque no vivimos el amor en el vacío, la edad puede marcar momentos vitales diferentes, proyectos distintos, maneras de vincularnos con nuestros cuerpos y con el otro, con la sexualidad, con el trabajo, con la maternidad o paternidad, con el dinero, con la familia, hasta con el futuro.
No es lo mismo tener 20, 40 o 60, hay situaciones, circunstancias, experiencias o aprendizajes que solo se viven muchas veces a ciertas edades, porque también nos faltaba tiempo para poder entenderlas como son.
De todas formas, puede darse también, que dos personas de la misma edad, tengan objetivos muy distintos en la vida, una idea de presente y futuro completamente distinta, de un lado se pueden querer hijos, del otro no, quizás uno quiera hacer muchos viajes, el otro enfocarse en armar un hogar.
Cuando de construir un vínculo se trata, es mucho más profundo, juegan otros factores al momento de iniciar una historia de amor, pueden tener la misma fecha de nacimiento, pero emociones y objetivos distintos en la vida.
Así como también puede suceder lo contrario, tener una diferencia de edad significativa, y desear lo mismo, tener los mismos valores, metas y una forma similar de entender el amor.
Quizás lo que debemos cuestionarnos en vez de los años de diferencia, es que se hace con esa diferencia. Porque esa diferencia puede convertirse en una curiosidad o en desigualdad. Todo depende de cómo se distribuya el poder.
Cada uno utiliza la edad o para infantilizar al otro, decidir por el, descalificar, o colocarse en una posición de superioridad, y ahí ya no estamos hablando de la simple diferencia de edad, estamos hablando de una dinámica de poder.
También puede pasar que esa diferencia genere inseguridades, ¿y si algún día prefiere a alguien menor?, ¿qué va a pasar cuando la diferencia se llegue a notar?, ¿qué pensará mi familia?, ¿vamos a querer lo mismo en 10 años? Todas son preguntas legítimas, aceptables, el problema es cuando las mismas comienzan a gobernar la relación.
Porque enamorarse también implica negociar con nuestras propias ideas sobre lo que “debería” ser una pareja.
Nos enseñaron que hay una “edad correcta”, una diferencia de edad aceptable, una forma adecuada de formar una familia, y hasta un momento determinado para buscar el amor.
La edad puede ser solo un dato de color, una sentencia.
Lo verdaderamente importante es si existe reciprocidad, si ambos deciden, si ambos pueden hablar y llevar adelante sus proyectos, si existe respeto por las diferencias, si hay deseo, cuidado y libertad, porque la relación no es mejor por tener la misma edad, tiene que existir igualdad.
No necesariamente la edad marca un vínculo, pero si mirar hacia la misma dirección, la edad cuenta años, pero no cuenta madurez, deseo, capacidad de amar.
Jueves 01 de Octubre, 2026 114 vistas