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Domingo 15 de Marzo, 2026 265 vistas

La peligrosa ausencia del estado

Por Dr. Fulvio Gutiérrez
La presencia del Estado es fundamental para garantizar el cumplimiento de lo que son sus funciones esenciales; esto es, la función constituyente, la función ejecutiva, la función legislativa, la función jurisdiccional y la función electoral.  Dentro de las dos primeras, corresponde destacar la obligación de mantener la seguridad interna, a través de los organismos que tienen competencia para ello, y en especial, del Ministerio del Interior, quien debe garantizar la protección de los derechos y libertades de las personas y protegernos de la arbitrariedad del poder. Para eso, me remito a las previsiones de la Ley No. 19.315, de fecha 24/02/2015, que es la Ley Orgánica Policial. 
De ella surge que el instituto policial, tiene por objeto regular el servicio de policía en los distintos ámbitos político-territoriales, su rectoría, así como la creación, organización y competencias del Cuerpo de Policía Nacional, con fundamento en las normas, principios y valores establecidos en la Constitución de la República. 
Concretamente, el art. 1º. Dice textualmente; “El orden y la seguridad pública interna son competencia exclusiva del Estado. Su mantenimiento corresponde al Poder Ejecutivo a través del Ministerio del Interior” ¡Clarito! Y hoy por hoy, el Estado no está cumpliendo con su obligación de mantener la seguridad interna.
Estas reflexiones vienen a cuenta de la deficitaria tarea que está cumpliendo el Ministro del Interior y que, por ello, no cuenta con la conformidad de la población. Las encuestas dicen que la gente está muy preocupada por la inseguridad en que se vive día a día, ya sea en Montevideo como en otras ciudades del interior del país. Los informativos radiales y televisivos informan de una multiplicidad de hechos concretos que, en verdad, asustan. Y no solo en los denominados barrios peligrosos, sino en barrios que hasta ahora no habían vivido tales situaciones.
El Ministerio del Interior señala en su defensa, que hay algunos delitos que han disminuido en su reiteración, lo que es cierto. Pero eso está muy lejos de ser suficiente para calmar las protestas de la población- Es que la actitud del Ministro Negro al iniciar su actividad como tal, empezó mal, cuando dijo, sin que alguien se lo preguntara, que la lucha contra el narcotráfico estaba perdida. Grave error de un jerarca de un ministerio que tiene, entre sus principales tareas, combatir al narcotráfico. Pero los errores del Dr. Negro no terminaron ahí. Reconoció expresamente, que no tenía un plan para combatir la inseguridad, que estaba preparando un plan que se culminaría en el presente año 2026, y cuya financiación se lograría en el 2027. ¿Y mientras tanto qué? La lógica indica, entonces, que seguiría aplicando el plan del gobierno anterior, que tanto cuestionó el Frente Amplio. Por otra parte, el Dr. Negro no debe haber tenido en cuenta que el cargo que tiene, lo hace el máximo jerarca de la Policía Nacional, que, por su naturaleza, es una institución que se basa en el principio de jerarquía y en la verticalidad del mando para su adecuado funcionamiento. Por esa razón, no temo en señalar que de a poco, fue perdiendo la confianza de sus jerarquías más directas. Es más, nunca se lo vio en persona, en las intervenciones policiales que veíamos en los informativos de la televisión, como si había ocurrido cuando fueron titulares del ministerio el Dr. Jorge Larrañaga y el Dr.  Nicolás Martinelli. Y eso, en el ambiente policial, importa y mucho. Los jerarcas más directos al ministro, sienten un especial respaldo de su jefe en tales circunstancias y eso hace a la cohesión y la confianza en tan delicada actividad. Pero Negro sigue en su estilo, reiterando conferencias de prensa con comentarios de lo que va a hacer, y se hace rodear de jerarcas, que no hablan, no dicen nada, pero sus rostros dicen mucho. Hay algo que es una realidad indubitable; la policía no está en la calle, la gente tiene miedo en los barrios, y el argumento de que no se tiene el número de ejecutivos necesarios no sirve. Los dos mil policías que prometió el presidente Orsi en campaña electoral para nombrar enseguida de ganar, fue una burda mentira. Primero, porque eso lleva un procedimiento que es imposible de cumplir en pocos días, y segundo, porque los funcionarios que se envíen a la calle requieren, primero, una preparación especial. No cualquiera puede ser policía. Esto está en la tapa del libro.
Carlos Piedra, presidente del sindicato de la Guardia Republicana, ha denunciado falta de apoyo, escases de insumos y malas condiciones laborales, incluyendo altos índices de suicidios. Ha exigido la renuncia del ministro y denunciado persecución sindical, tras ser sumariado por sus declaraciones públicas. Pero Negro sigue en sus trece. Los vecinos están desconformes. La presencia policial en los barrios es insuficiente o ya no existe; aparece luego que suceden los hechos de extrema violencia, y la realidad es cada día más dura. Hay la sensación de que el Estado se esté retirando de su función de proteger la seguridad de la gente. Los Alcaldes de los trece municipios de Colonia se lo hicieron saber al Dr. Negro. Siempre hay que escuchar la opinión de quienes viven en los barrios, y del policía ejecutivo, que es quien da la cara y arriesga su vida, un día sí y otro también.
Tal vez esta pasividad del Dr. Negro, es una de las causas de la tremenda disminución del apoyo popular que señalaron encuestas recientes, con referencia al Presidente Orsi. Modestamente, entiendo que una decisión sobre la actuación del Ministro Negro, no resiste la menor demora. Se entiende, ¿no?