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Miércoles 08 de Julio, 2026 80 vistas

La política vuelve a tener sentido cuando vuelve a la gente

Por Carlos Silva
Durante muchos años, la política fue perdiendo algo que nunca debió perder, la cercanía. En algún momento comenzó a ser más importante la discusión que la solución, el titular que el resultado, la confrontación que el encuentro. Y, poco a poco, muchos ciudadanos dejaron de sentir que la política hablaba de ellos.
No fue de un día para otro. Fue un proceso silencioso. Cada promesa incumplida, cada discusión estéril y cada decisión tomada lejos de la realidad cotidiana fue agrandando una distancia que hoy todavía cuesta recuperar. Por eso no sorprende que exista desconfianza. Lo preocupante sería acostumbrarnos a ella.Sin embargo, también es cierto que la confianza puede reconstruirse. Y siempre comienza de la misma manera, estando presentes.
La política recupera su verdadero sentido cuando vuelve a caminar las calles, cuando escucha antes de responder, cuando entiende que gobernar no consiste solamente en administrar recursos, sino también en interpretar las necesidades de las personas. Porque las estadísticas ayudan a planificar, pero nunca sustituyen una conversación con un vecino.
Muchas veces se habla del liderazgo como si fuera una capacidad extraordinaria. Yo creo que el verdadero liderazgo es bastante más sencillo. Es estar cuando hay que estar. Es hacerse cargo de las decisiones. Es entender que los cargos son pasajeros, pero la confianza que uno construye, o destruye, permanece durante muchos años.
Los Salteños conocemos bien el valor de la cercanía. Somos un departamento donde todavía nos saludamos por el nombre, donde es normal encontrarse con un vecino en el almacén, en una institución o caminando por la plaza. Esa identidad no es una debilidad, es una fortaleza. Porque quien gobierna una comunidad como la nuestra no puede esconderse detrás de un escritorio. Tiene que mirar a la gente a los ojos.
Por eso, cuando vemos funcionarios comprometidos, equipos que salen al territorio, obras que comienzan a concretarse o decisiones que buscan mejorar la calidad de vida de los vecinos, no estamos hablando únicamente de gestión. Estamos hablando de una forma de entender la política.
Seguramente no todo salga perfecto. Siempre habrá errores, críticas y cosas por corregir. Pero existe una diferencia enorme entre equivocarse intentando hacer y resignarse a que nada cambie. Las sociedades avanzan cuando sus dirigentes tienen la humildad de escuchar, la valentía de decidir y la capacidad de corregir cuando es necesario.
En tiempos donde las redes sociales parecen convertir cualquier diferencia en un enfrentamiento, vale la pena reivindicar otra forma de hacer política. Una política que no necesite gritar para hacerse escuchar. Una política que construya confianza todos los días, con hechos mucho más que con palabras. Porque, al final, las personas no recuerdan quién hizo el discurso más brillante. Recuerdan quién estuvo cerca cuando hacía falta.
Y quizás esa sea la enseñanza más importante, la política vuelve a tener sentido cuando deja de mirarse a sí misma y vuelve a mirar a la gente. Allí comienza el verdadero cambio. No en los eslóganes, sino en la cercanía. No en las promesas, sino en la presencia. No en la distancia del poder, sino en la humildad del servicio.
Si logramos no perder de vista esa esencia, no solo estaremos construyendo mejores gobiernos. Estaremos construyendo una comunidad más fuerte, más unida y más orgullosa de su futuro.