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Martes 18 de Agosto, 2026 105 vistas

La soberanía también es tuya

Por Rodrigo La Greca Blardoni
El martes pasado el Antel Arena se llenó de gente hablando de una sola palabra: soberanía. Era el Antel Summit 2026, más de cincuenta empresas y veinte oradores internacionales, entre ellos una ex de OpenAI y una economista que estudia el poder de las Big Tech. El lema era "Soberanía en tiempo real", y la pregunta de fondo era sencilla aunque suene grande: cuando tu país entero empieza a depender de la inteligencia artificial, ¿quién manda ahí, vos o la empresa de afuera que te presta la herramienta? (en este camino les recomiendo el libro La ola que viene de Mustafa Suleyman)
Entre nosotros la noticia pasó casi de largo, como pasa casi todo lo que viene de Montevideo. Pero esto no es solo un tema de gobierno. Ya escribí acá sobre la energía que sale de Salto Grande y termina prendiendo los servidores de Google y de Antel a cuatro horas de distancia. Esa es la soberanía a escala país: quién decide dónde se instala un data center, quién le pone precio a la energía, quién se queda con la ganancia. 
Pero hay otra soberanía, más chica, que a nadie le interesa discutir arriba de un escenario, y es la que le pega directo al bolsillo del comerciante de acá.
Pregunta directa. ¿De quién es tu negocio si toda tu comunicación con los clientes vive adentro de una cuenta de Instagram/Facebook/tiktokque no te pertenece? Si mañana Meta te la suspende por un error de un algoritmo, ¿qué te queda? Conozco más de un caso en Salto de un comercio que perdió de un día para el otro años de contenido y de contactos, sin explicación y sin nadie a quien reclamarle. Con la IA pasa lo mismo. Le contás tu negocio entero a un chat, armás ahí los mensajes, las promociones, hasta la forma de hablarle a tus clientes, y todo ese trabajo queda flotando en una conversación que se puede borrar sola. Ninguna de las dos cosas es tuya. Las tenés prestadas.
Ser soberano, a esta escala, no es desconfiar de la herramienta ni dejar de usarla. Es no construir el negocio entero arriba de una sola cuenta ajena. Guardate vos la lista de tus clientes, con su teléfono, aparte de cualquier plataforma. Guardá los mensajes que mejor te funcionaron y los prompts que ya probaste y sabés que rinden, en un lugar tuyo y no solo en el historial de un chat. Si mañana cambia el algoritmo, si te cierran la cuenta, si la aplicación que usás deja de existir, lo que guardaste sigue estando. Lo que dejaste solo adentro de la plataforma, no.
Esto no es paranoia. Es la misma lección que ya nos dio la propia historia de Salto con otros recursos: lo que no controlás, tarde o temprano te lo maneja otro. Con la fruta, con la carne, con la energía, ya lo vivimos. La inteligencia artificial es una herramienta nueva, pero la trampa es vieja: dejar que otro tenga las llaves de algo que es tuyo, nada más que porque es más cómodo no ocuparse.
Los que estaban el martes en el Antel Arena discuten la soberanía del país. Bienvenido sea. Pero mientras esa discusión avanza allá, acá en Salto cada uno puede resolver la suya sin esperar a nadie: guardar lo propio afuera de la plataforma de turno, y usar la inteligencia artificial como lo que es, una herramienta que ayuda y no un lugar donde vivís de prestado.