Dr. Ramón Soto
Colegio Médico
Consejo Regional Norte
En los últimos años, el consumo de bebidas energizantes entre niños y adolescentes uruguayos ha crecido de forma preocupante. Según la X Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Estudiantes de Enseñanza Media, estas bebidas —de venta libre y con alto contenido de estimulación— son hoy casi tan consumidas como el alcohol entre los estudiantes de 13 a 17 años: el 81,8% dijo haberlas probado alguna vez y el 65,9% las tomó en el último año, convirtiéndose en una realidad habitual para muchos jóvenes.
Pero, ¿qué hay detrás de estas latas coloridas con promesas de “energía” y “rendimiento”? Aunque en el corto plazo pueden dar una sensación de vigor momentáneo, su consumo en edades tempranas entraña riesgos físicos y psicológicos que no siempre se perciben.
¿QUÉ SON LOS ENERGIZANTES?
Las bebidas energizantes son líquidos con altos niveles de cafeína, azúcares añadidos y otros estimulantes como taurina o extractos vegetales (por ejemplo, guaraná). Están diseñadas para aumentar la atención o disminuir la sensación de cansancio, pero su composición tiene efectos potentes sobre el organismo.
IMPACTOS SOBRE LA SALUD FÍSICA
Una de las sustancias más relevantes de estas bebidas es la cafeína, cuyo consumo excesivo puede ser particularmente dañino en niños y adolescentes. Organizaciones internacionales como la Academia Americana de Pediatría recomiendan que los menores de edad eviten por completo las bebidas energizantes, y establecen límites estrictos para el consumo de cafeína en jóvenes, ya que sus efectos pueden ser peores que en adultos.
En el cuerpo, la cafeína sumada a los demás componentes de los energizantes, actúan directamente sobre el sistema nervioso central y el cardiovascular. En jóvenes puede provocar:
• Aumento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, lo que puede derivar en arritmias o palpitaciones.
• Insomnio y alteraciones del sueño, afectando el descanso, esencial para el desarrollo y el rendimiento escolar.
• Dolores de cabeza, ansiedad y temblores, síntomas reportados en estudios sobre salud adolescente y consumo de estas bebidas.
• Mayor riesgo de sobrepeso y obesidad, por el elevado contenido de azúcares (una lata puede tener casi tanto azúcar como lo recomendado para todo un día).
Además, para adolescentes con condiciones cardíacas no diagnosticadas o problemas de salud subyacentes, estos efectos pueden ser más severos, incluso llegando en casos extremos a crisis hipertensivas o problemas cardiacos agudos.
EFECTOS SOBRE EL CEREBRO EN DESARROLLO
El cerebro de niños y adolescentes todavía se está desarrollando, especialmente regiones asociadas con la regulación de emociones, atención y toma de decisiones. La estimulación constante inducida por la cafeína y otros compuestos puede:
• Afectar la capacidad de concentración cuando no se consume la bebida (síndrome de abstinencia).
• Generar dependencia psicológica, donde el joven siente que “necesita” la bebida para rendir o mantenerse despierto.
• Contribuir a patrones de consumo poco saludables que se normalizan socialmente.
LA COMBINACIÓN CON ALCOHOL
Un hecho que agrava aún más la situación es el frecuente uso simultáneo de bebidas energizantes con alcohol entre adolescentes. La encuesta revela que cerca del 79% de quienes consumen energizantes también los mezclan con alcohol, práctica que aumenta hasta tres veces la probabilidad de abuso de alcohol y puede llevar a intoxicaciones más graves.
CONCLUSIÓN
Aunque las bebidas energizantes pueden parecer inofensivas o “normales” en contextos sociales o de estudio, su consumo en edades tempranas presenta múltiples riesgos para la salud física, el sueño, el desarrollo cerebral y los comportamientos sociales de niños y adolescentes. Por eso, tanto familias como escuelas y autoridades deben estar informadas y promover alternativas más saludables, además de restringir su acceso en menores y fomentar hábitos que no dependan de sustancias estimulantes.
Martes 17 de Marzo, 2026 60 vistas