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Lunes 02 de Marzo, 2026 233 vistas

Los perros de Armando: Antonio y Curro

Por Armando Guglielmone
“A mis 86 años no se que hubiera sido de mí si no tuviera mi perro”, así Antonio Ruíz Delgado resume el sentido de una entrevista realizada a este español en consideración a su vida, antes y después de su perro. Cuenta que, de una vida organizada y familiar en un pueblo de España, luego que sus hijos se independizaran, todo giraba en torno a Carmen, su esposa durante más de 60 años, eran ella y él, hasta que falleció Carmen y su vida cambió. 
Ya no le encontraba sentido a su vida diaria, no salía más que a por el pan o la comida, se sentía solo y frágil, lo que a veces hacía que llorara por las noches, en voz baja, como cuenta él mismo, para que no lo escucharan, pero estaba solo. Su hija veía los efectos de la soledad y la melancolía, incluso temía por él, ya que la falta de Carmen le había hecho pensar, como él le había confesado, en tomar decisiones drásticas. Así un día tocan la puerta y al abrirla se encontraba su hija, con un cachorro en brazos, uno pequeño, marrón y de ojos negros. 
Antonio se sorprendió y le dijo a su hija que: qué iba a hacer él con un perro, que nunca había tenido uno más que los de su padre cuando era niño. Su hija insistió diciéndole que le iba a venir bien tener compañía y algo que hacer, y así, medio a regañadientes se quedó con el cachorro. De nombre le puso Curro y mientras lo miraba y el cachorro lo miraba a él, pensaba en todo lo que podía salir mal. Y así, aprendiendo sobre cómo alimentar a un perro, limpiando donde ensuciaba y rezongando por los muebles mordidos, comenzó su nueva vida, junto a un perro. Al principio confiesa que le daba vergüenza salir él, una persona de 86 años, con un pequeño perrito de la correa. 
Pero claro, la magia de un perro comenzó a surgir, y así Antonio se dio cuenta que desde que había fallecido su esposa no pisaba la calle por la mañana, no sentía el sol en la cara ni olía el aroma del campo. Así empezó a salir dos veces por día, temprano y a la tarde, el perro lo necesitaba, mientras caminaba por su pueblo al principio saludaba de lejos, pero claro, luego los vecinos se acercaban a ver su perrito, qué cómo se llama, qué lindo es, y así empezó a socializar nuevamente, a reír, que hace rato no lo hacía. Un vecino del pueblo que tiene un perro también, comenzó a coincidir en los paseos con él, y así comenzó una amistad asociada a sus perros. Ahora, mientras los perros juegan, ellos conversan y se entretienen, y así todos se benefician. 
Curro ya está con 10 años, a veces le cuesta subir las escaleras o cojea, pero siempre está con él, como su sombra. Antonio cuenta que Carmen fue el amor de su vida, lo era todo, pero que ahora con Curro conoció un amor diferente, un amor que no pide nada, no lo juzga ni lo exige, solo está ahí, incondicional y omnipresente. 
Así, luego de pensar que no tenía más nada por vivir, ahora tiene alguien a quien prodigarle cariño y recibirlo él también, en forma de perro marrón llamado Curro, como lo dice Antonio. Le gusta pensar que Carmen lo mira sonriendo desde algún lado y que fue ella quien le envió a Curro, para cuidarlo, como siempre lo hizo. Antonio no sabe cuánto, sabe que ya no le queda mucho, pero ahora no tiene miedo de morir solo como después de fallecer su esposa, ahora tiene a Curro, y mientras tenga fuerzas se seguirá levantando para sacarlo a pasear y ocuparse de él, pues Curro lo necesita, y Antonio a él.