Por Armando Guglielmone
Educador canino – Instructor etólogo - Contacto : 098 539 682
Tal cual lo dice la profecía la gente se ha vuelto intolerante, por lo menos la mayor parte, y mal educada, incapaz de escuchar razones o motivos para comprender. Y el que tiene perro y gusta de salir a caminar con él seguramente lo sabe, y si no, calma, ya pronto alguien, de seguro, se lo demostrará. Es que basta que el perro se vea de determinada manera para que el preconcepto sobre este aparezca, y ahí es donde muchas veces aparece la intolerancia que no entiende de argumentos.
Me ha pasado de ir caminando con un perro medianamente con aspecto de pitbull con sobrepeso, para que el transeúnte que viene por la vereda me diga: “a esta raza le tengo miedo”, cuando le pregunto sonriendosi sabe que raza es, ya antes de terminar de hacerle la pregunta me está tirando diez mil argumentos ininteligibles para dar a entender que tiene razón sin importar que le estuviera yo diciendo.
Para más ejemplo, la semana pasada, iba yendo por el cantero de una avenida rumbo a la costanera con un pastor alemán negro, de aspecto imponente, y vi que una cuadra más adelante una señora que paseaba su caniche no paraba de observarme, como supuse que tal vez tenía temor por el perro que iba conmigo, empecé a caminar más lento. Mientras tanto esta mujer no paraba de darse vuelta y mirarme, así que para su tranquilidad crucé para seguir por la vereda. Cuando estaba casi enfrente de ella aupó su perro, como esperando que tal vez el que iba conmigo fuera a atacarlo. Mientras tanto Black, así se llama el ovejero, iba sin prestarle atención, cuando entonces el caniche que estaba en sus brazos comenzó a ladrarnos como si le fuera la vida en ello. La miro sonriendo como para expresar simpatía y esta agradable señora me espeta “qué cómo iba a llevar el perro suelto, que eso no se podía hacer, etc., etc.” Le digo: ¿su perro es quien ladra agresivamente y me dice a mí que estoy actuando mal? Y ahí siguió lanzando sus argumentos inentendibles. Unas personas que cruzaban ejercitándose en ese momento me miraban sonriendo con cara cómplice de, “te tocó la insoportable del día”, ya que la situación era ridícula.
Y esto es solo una muestra de la intolerancia que muchas veces uno ve en la calle cuando va con un perro, es cierto que hay personas que van con su perro como se les canta, sin importarle el prójimo, a esas que le digan, pero si ves un perro bien educado, bajo control de quien lo lleva, llámate a silencio. Pero saben a quién decirle, pues cuando pasa algún malandrín nunca dicen nada, es más, cruzan la calle por miedo a que les hagan algo.
Y mientras tanto no queda más que seguir cultivando la paciencia, para que podamos disfrutar un momento agradable con nuestro perro. Como decía el escritor Dostoievski hace más de un siglo: “La tolerancia alcanzará tal nivel que a la gente inteligente se le prohibirá pensar para no ofender a los imbéciles”. Ya estamos ahí.