Por Pablo Perna
En Salto, Ismael Berniz, con 29 años de edad en 1972, en plena democracia, en ejercicio de sus funciones como Policía, recibe un impacto de bala por parte de un Tupamaro, que balacera por medio logra detenerlo, su compañero policía le grita que lo mate, pero él resuelve salvarle la vida. Luego de ese episodio a raíz de la bala tupamara, Ismael debe afrontar diferentes incapacidades, múltiples operaciones y sufrimientos, afectándole hasta su habla, sufriendo hasta el día de hoy donde mañana cumple sus 84 años de edad; joven y con una familia para alimentar, el Estado uruguayo le da las gracias por sus servicios prestados y lo jubilan con una pensión miserable. El único reconocimiento por parte de nuestro país ha sido una pequeña medalla de lata por su valentía al momento que lo jubilan.
La historia de Berniz no es un hecho aislado, es la radiografía viva de un olvido institucionalizado. En Uruguay que anualmente se moviliza y debate en torno a la memoria, realizando “marchas del silencio”, la narrativa hegemónica ha decidido olvidar y sentenciar a la familia Policial y Militar. Para entender la profunda asimetría que divide al relato actual, es imperioso confrontar las cifras oficiales y la realidad sociológica de los caídos antes del quiebre institucional de junio de 1973.
La historia oficial suele fechar el dolor a partir del golpe de Estado, barriendo bajo la alfombra la sangre derramada por la violencia subversiva en democracia. Los registros históricos consolidan una cifra aproximada de 80 servidores públicos asesinados por la guerrilla antes de la dictadura, que fueron acribillados en la vía pública, en custodias o allanamientos. El hito más doloroso fue el fusilamiento a mansalva de los cuatro jóvenes soldados que en una fría mañana fueron sorprendidos y asesinados: Saúl Correa de 21 años, Ramón Ferreira de 21, Gaudencio Núñez de 27 y Osiris Núñez de 35. Las fotos del episodio son impactantes.
El Estado uruguayo no solamente desamparó a los familiares de esos policías y militares, sino que también desamparó a los más de 250 heridos de diversas entidades que sobrevivieron a las balaceras, pero quedaron mutilados o con secuelas físicas crónicas. Al igual que Berniz, estos hombres debieron retirarse jóvenes mediante jubilaciones paupérrimas, desprovistas de cualquier blindaje estatal especial, hacia ellos y sus familias, y hay un factor de estricta justicia que debemos resaltar, que aquellos caídos no pertenecían a las élites ni a los altos mandos, eran los eslabones más débiles del escalafón. Agentes de segunda, cabos y soldados de origen humilde, del interior profundo, que vestían el uniforme como un medio digno de subsistencia y un servicio a la República.
En la otra cara de la moneda se encuentran las victimas que fueron el caldo de cultivo de lo relatado y del inicio de la dictadura militar; que a diferencia de aquellos con estos, la izquierda una vez que llega al poder no se olvidan de sus “compañeros caídos”, aprobando de esta manera leyes de "Pensiones Especiales Reparatorias" destinadas exclusivamente a ex integrantes de los movimientos guerrilleros, exiliados y destituidos. Hoy el BPS paga todos los años más de 50 millones de dólares a esas víctimas.
El contraste es moralmente insostenible, mientras un sector del pasado que asesinó, torturó y/o amenazaron la estabilidad democrática, reciben cobijo, reconocimientos y reparaciones muy generosas; por otra parte, aquellos uruguayos humildes que defendieron las instituciones democráticas en plena Democracia, han sido injustamente sentenciados al olvido.
Quiero resaltar de manera clara, contundente, categórica e inequívoca, que de ninguna manera defiendo las atrocidades cometidas durante la dictadura militar, así como también sostengo la defensa al derecho del “no olvido”, pero lo único que aspiro desde este espacio es que el “no olvido” sea democrático, para todos y no selectivo, evitando que unos reciban millones de dólares en indemnizaciones y otros una opaca medalla de latita, porque al fin del día, ¿quiénes son las verdaderas víctimas?
Viernes 22 de Mayo, 2026 171 vistas