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Viernes 05 de Junio, 2026 358 vistas

¡Orsi está al desnudo!

Por Pablo Perna
El arte, a veces de forma inconsciente, es profético. Cuando el Presidente Orsi presentó su cuadro institucional con la banda presidencial y que es su imagen que pasará a la historia, los medios y las redes sociales se hicieron un festín con un detalle no menor.  El mandatario eligió posar con su mano derecha metida en el bolsillo de su pantalón. Hubo quienes, con malicia, comentaron que cada uno cuida instintivamente lo que más le interesa y que esa postura delataba una indisimulable fijación con el dinero. El tiempo irónicamente terminó dándoles la razón de la manera menos pensada, terraja y bizarra que cualquier ser maligno podría imaginar. 
La historia de la camioneta presidencial nos regala una secuencia perfecta de cómo se desarma un relato de superioridad ética de la izquierda en menos de una semana. Todo comenzó cuando una nota de El País publica informes de la JUTEP que indicaba que Orsi había adquirido una camioneta una semana antes de asumir por valor de U$S 80.000. A partir de ahí la prensa comienza a indagar sobre el tema. 
Salieron a defender al “rey” los moralistas y alcahuetes de la Corte, como el Pacha Sánchez, Jorge Díaz, Fernando Pereira y otras figuras zurdas menores, aduciendo que la compra se había realizado de manera ejemplar, donde el Presidente en lugar de moverse en coches oficiales prefería desinteresadamente hacerlo en camioneta propia y segura. Dicho esto se destapa que la automotora le había hecho un insólito descuento de 25 mil dólares encendiendo todas las alarmas por presunta corrupción.
El sábado pasado, Orsi en Salto concurre a la inauguración de la Central Hortícola y para entretenimiento de todos, estaba también su camioneta. Nos sorprendió que no diera ningún discurso en esa ocasión, pero lo que más llamó la atención fueron sus declaraciones sobre el particular, respondiendo sarcásticamente: “Generalmente cuando hay descuentos yo me tiro de cabeza”. Esto volvió a ascender la polémica, por lo que el presidente grabó un video solemne mirando fijo a la cámara, aseguró que "la verdad no se dibuja" y parecía ser franco y sincero, pero a los pocos minutos se descubrió que aquí también no había dicho toda la verdad. Falto confesar que también pagó el vehículo con la entrega de un segundo auto donado por una empresa “compañera” al Frente Amplio para la campaña electoral. Se realizó una rifa para recaudar fondos y como no salió el número, quedó en propiedad de Orsi. Con la desnudez ética expuesta, el presidente convocó de urgencia a solo cuatro medios escritos elegidos a dedo para anunciar que donará el vehículo a la ANEP para trasladar niños en el interior.
La escena parece la del cuento “El traje nuevo del emperador”, escrita en 1837 por Hans Andersen. En la historia, unos sastres timadores le tejen al rey un traje invisible bajo una condición psicológica letal, la tela solo puede ser vista por los inteligentes y los dignos, los tontos no podrían ver nada. El rey, para no quedar como un idiota, sale a desfilar desnudo y toda su corte, por miedo o por pura adulación, aplaude fervorosa la finura del ropaje. Hasta que un inocente niño grita la verdad evidente: “¡Pero si el rey está desnudo!”. El relato de Orsi es ese traje invisible que los aplaudidores de turno salieron en masa a elogiar la falsa "transparencia" y la "humildad" del mandatario. Pero la mentira ha quedado al descubierto, cuando el periodismo y la gente común en las redes sociales cumplieron el rol de ese niño de Andersen. Señalaron lo obvio: que la ética no se arregla donando a los niños un vehículo porque te descubrieron o porque usaste una donación de campaña para beneficio personal es, sencillamente, impresentable. 
La izquierda uruguaya construyó su identidad sobre un pedestal de pureza ética y moral franciscana, amparados con figuras icónicas como Mujica que predicaban con el ejemplo el desapego material, hoy quebrado por sus discípulos. Pero lo bueno de todo esto es que al final del día, los niños del interior tendrán una hermosa camioneta de alta gama para ir a la escuela, y el Uruguay tendrá una certeza un poco más triste, la superioridad moral de la izquierda viaja en el asiento trasero y definitivamente ya no encandila conduciendo estoicamente un Fusca.