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Sábado 23 de Mayo, 2026 131 vistas

Por algunos barrios

Por el Padre Martín Ponce De León
Al recorrer algunos barrios, uno tiene la oportunidad de encontrarse con algunos niños, a más de los que pueden verse por las calles de esos barrios. Tal cosa tiene el poder de llamar mi atención.
Se acercan al coche con sus bolsas buscando algún comestible. Algunas verduras, fideos o arroz y, tal vez, algunos bollos.
Ello no llama mi atención, sino que, lo que me impresiona, es su vestimenta. Apenas un algo más de lo que utilizaban unos meses atrás. Para ellos, parecería, aún no han llegado los fríos.
En uno de los barrios, el agua corre por la calle juntándose con el barro y ello hace que, semana a semana, uno se encuentre con el mismo olor desagradable. Uno imagina que, para ellos, ese olor ha de ser imperceptible puesto que conviven con él.
Se necesitaría un paso largo para lograr esquivar lo más denso del barro, pero esas niñas que se acercan, no lo hacen. Caminan por sobre él con total naturalidad, por más que sus “chinelas” y pies se colmen de humedad y barro. Quizás por mucho tiempo han de permanecer con los pies mojados porque embarrados.
Casi en silencio se ponen detrás del coche esperando alguien las atienda. No necesitan pedir puesto que ya se sabe la razón de su presencia. Una de ellas lucía un vestido de mangas cortas que, yo creo, se lo había visto en el verano. Lo único que dejaba ver que el clima había cambiado era un pantalón que tenía puesto y que por los conejos, osos y perritos que se veían estampados en él hacía suponer era su pijama.
¿Con esa vestimenta logra engañar al frío que se había adueñado de aquella calle?
Al llegar a otro barrio un grupo de chicos rodea el coche donde nos trasladamos. Todos ellos de short y camisa de manga corta. Se nos acerca la dueña de la casa donde dejamos los comestibles y ella con una pollera. Me llama la atención un apósito que tiene en uno de sus hombros. Al comienzo, en mi ignorancia, supuse era un algo de su vestido, pero luego descubro unos breteles que permitían ver que eso estaba en uno solo de sus hombros.
Cuando nos invitan a pasar a ver un algo dentro de su casa nos encontramos con que en muchas camas están jugando más niños. A modo de justificación la señora nos dice que está muy frío y, por ello están jugando dentro de la casa.
Ella con un vestido sin mangas, los niños en mangas de camisa y los otros encerrados en la casa jugando sobre las camas. ¿Hace frío para, únicamente, algunos?
Me hizo acordar a una reunión comunitaria en mi tiempo de estudiante de cura. El dormitorio era grande y dormíamos unos veinte en él. En esa reunión uno alzó la voz quejándose de “algún Tarzán” que, en pleno invierno, dormía con la ventana abierta.
¿Es que, acaso, los niños de los barrios son “Tarzanes”? ¿Se pueden acostumbrar a pasar frío? ¿Para ellos, existe el frío? ¿Poseen una piel más gruesa que los normales y por ello no experimentan el frío?
Muy cerca de nosotros hay seres que necesitan de una mano solidaria ya que ellos tienen frío igual que nosotros. De alguna manera buscan sobrellevar una inclemencia que no pueden evitar, sino que, conviven con ella.
No se olvide de ellos ya que, es lo más común, se tiene ropa de abrigo guardada y no se utiliza, pero puede ser muy útil para muchos que la necesitan. 
No se quejan ni protestan, pero… bienvenida sea su mano generosa que les puede brindar un algo como para engañar un algo mejor a un frío que se hace sentir.