Por el Padre Martín Ponce De León
Desde hace un tiempo su conversación giraba sobre su “estar en un pozo”, su “no estar bien” Con naturalidad me hablaba sobre su estar “consumiendo” y su deseo de salir de ello, por más que, lo sabía, ello “no me está resultando fácil”
Obviamente yo debía, en muchas oportunidades, limitarme a escucharle y, en otras, me limitaba a hacerle saber que podía lograr superar ese momento como había logrado superar muchos momentos difíciles en su vida.
En una oportunidad me dijo que “cuando logre salir de esto se lo voy a decir” Muy bien no lograba explicarme la razón de tal confianza, pero ella me servía puesto que me permitía saber de alguna utilidad.
Hace unos días me acerco para saludarle y su saludo fue: “Hace tres semanas que no consumo” y yo añadí mi felicitación al saludo. Tres semanas no es mucho tiempo, pero, sin lugar a dudas es “muchísimo tiempo” para su situación. “No sólo no he consumido, sino que no siento ganas de hacerlo”.
Me estuvo contando de su “remedio” para combatir la ansiedad que, muchas veces le asaltaba y que, él lo sabía, lo podía llevar a volver a consumir. Me alegré con su relato y le advertí sobre la necesidad de estar en guardia para no volver a caer ya que, lo debía saber, siempre iba a tener oportunidades de volver y, muchas veces, habría de sentir diciéndose “Yo salgo cuando me lo proponga. Puedo con el consumir”
“El consumir me hizo sentir muy mal y, por ello, mi deseo de no volver a experimentarme tan mal como me sentía haciéndolo”
Lo suyo ha sido un empeño individual donde, sin muchas ayudas, logró salir de una situación que lo llevó a más de una dificultad. Por sobre todas las cosas su relación familiar se deterioró hasta un punto donde el rehacer a la misma ha de ser toda una ardua tarea que tiene por delante.
Sin lugar a dudas su situación no cuenta con muchos respaldos como para poder, a fuerza de voluntad, superar la situación en la que se encontraba, por ello, sus tres semanas son todo un gran logro personal. Las tres semanas no son otra cosa que un gran esfuerzo personal para “salir del pozo en el que estaba”
Lo llamaron para dar una mano bajando unas cosas y ello hizo que se terminara la conversación. Me despedí de él diciéndole que “Ahora, sin prisa, debes ir recuperando los espacios que has perdido” Me dio la mano a manera de despedida mientras me decía: “Con la ayuda del “de arriba” lo voy a conseguir”
Mientras le observaba colaborando en descargar algunas cosas de la camioneta no se me ocurrió otra cosa que agradecerle a Dios la fuerza de voluntad que le había dado a aquella persona y le pedía le siguiese ayudando a que se dejase ayudar por Él para poder reconstruir todos los espacios que había lastimado o roto durante todo ese tiempo en que había caído en su “consumir”
También le agradecí a Dios el poder haber sido destinatario de aquella buena noticia puesto que, durante un tiempo no muy breve, solamente había podido escuchar sobre su continuar deteriorándose consciente y libremente.
Sin lugar a dudas su poder salir no ha de haber sido una tarea sencilla, pero tampoco ha de ser sencilla la tarea de no ser reincidente ya que, sin duda, cualquier dificultad ha de ser una invitación a sumergirse en “aquel pozo” en el que supo estar para evadirse de dificultades que debía enfrentar.
Gracias, Dios y continúa haciendo que se deje ayudar por Ti para no volver a caer.
Sábado 28 de Marzo, 2026 117 vistas