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Martes 09 de Junio, 2026 1.115 vistas

Vacunas en las escuelas: ¿Quién llamó a la Policía y por qué?

Por Carlos Arredondo
El pasado martes 2 de junio comenzó en Salto la vacunación en las escuelas. El puntapié fue en la escuela 107 del barrio Uruguay, y hasta allí se trasladó, en calidad de movilero de nuestro programa radial Fernando Vega, quien además es columnista del programa.
Para que el contexto sea completo, es válido aclarar que la línea editorial del espacio cuestiona fuertemente la falta total de garantías que tienen las vacunas que se les inyecta a las personas, y cuando se trata de niños los argumentos cobran mayor peso.
Una vez llegado a la escuela, nuestro compañero fue atendido cordialmente por la directora quien declinó hacer declaraciones explicando que estaba administrativamente impedida de hacerlo. Hasta ahí todo bien.
Mientras mantenía la charla con la directora llegó al recinto escolar el director departamental de salud, Dr. Luis Rodríguez, quien se había puesto al hombro la difusión de la campaña en nuestro departamento y había salido en algunos medios propagandeando el comienzo.
Rodríguez también fue abordado por Vega, pero gentilmente también declinó hacer declaraciones. La conversación entre ambos rápidamente dejó de ser entre periodista y funcionario para convertirse en una charla de caballeros, con preguntas incómodas por parte de Fernando y desestimaciones sin argumentos por parte del Dr. quien no dejó escapar la oportunidad para repetir los mantras que repiten quienes están detrás de estas campañas: “¿Quién puede negar que las vacunas son buenas?” “¿Quién puede negar que han salvado millones de vidas? “Es una locura pensar otra cosa” etc, etc…Hasta ahí, nada nuevo y todo bien.
El final de la charla llegó con el momento de la salida al aire de Vega, motivo por el cual debió abandonar el recinto escolar y ubicarse fuera del local, desde dónde realizó su informe dando cuenta de la imposibilidad de conseguir dialogar con los responsables y simplemente describió la situación; contó de sus charlas en el interior de la escuela y señaló que de los más de 300 alumnos, solo los padres de dos de ellos habían brindado su consentimiento para inocular a los niños…Hasta ahí, todo bien, una cobertura mas que pasaba sin pena ni gloria.
Lo raro comienza a pasar fuera del local escolar; luego de la salida al aire, un patrullero de la seccional 4ta de policía llega a la escuela, se baja un policía y encara a Vega solicitándole el documento. El policía descartó que hubiese algún problema (¿?) Sin embargo, ahí estaba: Con uniforme, arma, patrullero y solicitandole el documento. Ante esta clara señal de incomodidad con su presencia, nuestro compañero, y así se lo hizo saber al policía, optó por retirarse del lugar…Ya no estaba todo bien: ¿Qué papel estaba jugando la policía, y cuál era el motivo?
Fernando caminó desde el local escolar hasta la Av. Manuel Oribe, donde se colocó lo más visible posible, para ser visto por el compañero que iba en su busca y pronto llegaría.
Y allí estaba Fernando Vega, respondiendo mensajes personales para amortiguar la espera del vehículo, cuando un nuevo patrullero se detiene a su lado -si, otro patrullero -Del interior se baja un funcionario policial, quien amablemente le pregunta: “¿Ud. Es Fernando Vega?”, “Ud. pertenece a un grupo de antivacunas?” ,”¿Me permite su documento, por favor?”
La situación se enrarecía cada vez más, pero el panorama comenzaba a aclararse. La policía debía ocuparse de intimidar a “los antivacunas” que merodeaban la escuela, perdiendo de vista que también intimidaba a un periodista que, piense como piense, del tema que sea, tiene derecho a realizar su tarea libremente y sin coacciones.
Cualquier abomba´o se da cuenta quien está detrás de estas intimidaciones, de este golpe al mentón que se le dio al libre ejercicio de la profesión periodística, y de la censura que hay implícita en este juego de taquito entre instituciones del estado.
Por alguna razón el Dr. Luis Rodríguez no quiso brindarle declaraciones a Fernando Vega y al programa NUEVO TIEMPO…A lo mejor sabe lo que está haciendo, y sabe que nosotros también lo sabemos. Por eso, a lo mejor -solo a lo mejor-, nos quiere bien lejos, intimidados y amordazados, aunque la libertad de expresión quede hecha flecos.