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Martes 14 de Abril, 2026 156 vistas

INE: 21.000 trabajadores de Salto están por fuera del sistema de seguridad social

La reciente difusión de los indicadores del Instituto Nacional de Estadística (INE) ha vuelto a poner sobre la mesa una problemática estructural que afecta con especial énfasis al litoral norte de Uruguay: la precariedad laboral. En este escenario, el departamento de Salto presenta una realidad compleja, ubicándose sensiblemente por encima del promedio de informalidad del país, con una tasa que alcanza el 30%.
REALIDAD PREOCUPANTE
Este porcentaje traduce una realidad social preocupante para la región, ya que implica que aproximadamente 21.000 salteños desempeñan sus tareas por fuera del sistema de seguridad social. Estos trabajadores se encuentran hoy en una situación de vulnerabilidad al carecer de aportes jubilatorios, cobertura por accidentes laborales o acceso al seguro de paro, factores que condicionan la estabilidad económica de miles de familias en el departamento.
BRECHA CON EL SUR 
Si bien la cifra de Salto es alarmante en comparación con el promedio nacional -que se sitúa en el 21,2%-, el panorama regional muestra que el fenómeno de la informalidad se agudiza a medida que se avanza hacia la frontera seca. Departamentos como Artigas y Rivera enfrentan niveles que rondan el 40%, mientras que Cerro Largo lidera la estadística negativa con picos que rozan el 44%. Esta disparidad geográfica evidencia una clara fractura entre el sur del país, donde Montevideo y Flores registran los niveles de formalidad más altos con tasas de apenas un dígito o poco más del 10%. 
DESEMPLEO 
El análisis del mercado laboral en Salto no se agota en la falta de registro. El departamento también debe lidiar con una tasa de desempleo del 8,2%, lo que lo posiciona entre las seis jurisdicciones con mayor índice de desocupación en el país. Dentro de estos números, la segmentación por perfil revela que las mujeres y los jóvenes son quienes enfrentan las mayores barreras. En el caso de los salteños de entre 14 y 24 años, la desocupación escala de forma dramática hasta el 25,6%, un dato que enciende las alarmas sobre el futuro de la inserción laboral juvenil y la calidad de los primeros empleos que se ofrecen en la zona.