Por el Padre Martín Ponce De León
Las mañanas de los miércoles y sábados, antes de compartir la eucaristía en el templo parroquial, voy a tomar unos mates a la plaza mientras espero llegue la hora de dicha celebración.
Por lo general suelen ser las mismas personas las que transitan la plaza en ese horario. Con algunas personas, de esos transeúntes mañaneros, solemos saludarnos e intercambiar alguna conversación breve. Lo mismo sucede con algunos de los funcionarios municipales que cumplen tareas en dicho lugar.
En oportunidades no ha faltado alguien que se acercó y pidió poder celebrar el sacramento de la reconciliación. También, en algunas oportunidades, nos hemos encontrado con algunos “pide pan” y hemos tenido oportunidad de intercambiar vivencias.
Hace unos días, con destino a calle Uruguay, pasó una persona que, al llegar frente a mí, demoró sus pasos mirándome. Su mirarme era tan evidente que me dejó intrigado mientras continuaba su camino sin pronunciar nada más que un “Buenas”
Poco rato después le veo, por la vereda de frente a la plaza retornando. Al llegar a la mitad de la cuadra cruza en dirección a la plaza. Por su dirección y su mirada calculé venía a donde me encontraba tomando mate.
Al llegar al banco donde me encontraba me dice: “¿Usted es el que anda con los comedores?” Le digo: “Perdón, pero no le entiendo”
Allí me explica que me había visto y le pareció era una persona que está haciendo algo relacionado con algunos comedores. Le respondo diciendo mi relación con algunos comedores y lo que consiste la tarea que realizo acompañando a otras personas.
“Hay que tener muchas b…. para hacer eso que hacen” así como dijo eso continuó su marcha dejándome con la respuesta a flor de labios.
Le habría dicho que, en lo personal, disfrutaba de esa actividad y, lo puedo decir, sé que la misma me resulta de mucha ayuda ya que es mucho lo que se puede aprender.
Se aprende, y mucho, de la cercanía con esa gente que cargan sobre sus hombros una tarea que no siempre es sencilla o gratificante.
Se aprende de esa gente que asumen una responsabilidad y la llevan adelante, pese a que, en muchas oportunidades, se sientan desanimados porque desbordados por la tarea que realizan.
Se aprende de esa gente que, pese a sus muchas limitaciones (culturales o materiales) viven la alegría de poder ayudar y ser útiles, para con sus vecinos del barrio.
Se aprende viendo como intentan solucionar los problemas de otros vecinos ya que, por la actividad que realizan, las toman como confidentes o referentes.
Se aprende pudiendo prestar una oreja para que se desahoguen, aunque uno no posea todas las respuestas a lo que ellos plantean. Creo que, muchas veces, sus planteos, no son buscando una respuesta sino, simplemente, el poder desahogarse de situaciones que llegan hasta ellos.
Se aprende ejerciendo lo que yo llamo “la pastoral de cercanía” La misma no es otra cosa que poder experimentar una sensación interior que reconforta y gratifica.
Sin querer se va experimentando una creciente relación que hace que, lejos de ser una cuestión de paciencia o tolerancia, es una cuestión de un vínculo que se va ganando en el interior de quienes desarrollamos dicha tarea.
Hizo el comentario y me dejó con la respuesta en los labios ya que se marchó luego de su inesperado comentario.
Sábado 14 de Febrero, 2026 154 vistas