Por el Padre Martín Ponce De León
Los relatos evangélicos hacen referencia a Jesucristo como el buen pastor.
No se gastan en muchas explicaciones sobre las condiciones del buen pastor puesto que ello no era necesario.
Lo primero que puede llamar la atención es el que Jesucristo se apropie de la tarea de pastor. En aquellos tiempos ser pastor no era poseer un oficio con muy buena reputación.
Si bien los orígenes del pueblo se remontan a un itinerante grupo de pastores con el paso del tiempo tal oficio había perdido prestigio y buena reputación. Pero Jesucristo es coherente y hasta en eso manifiesta su predilección por los marginados y excluidos.
No solamente se otorga esta ocupación, sino que le añade el término “buen” para decir su condición de pastor. Es, entonces, que necesitamos acercarnos a aquel tiempo para descubrir lo que se entendía por un “buen pastor”
Era alguien que tenía como fundamental la buena vida de sus ovejas. Las conocía tanto como ellas le conocen.
No las conduce atadas, sino que cada una conserva su libertad de movimiento. Con el paso del tiempo aquellas ovejas descubren que nada es mejor que transitar cerca de él.
Sabe respetar los ritmos y las necesidades de cada una de sus ovejas.
No se guía por alguna simpatía o predilección, sino que lo suyo está orientado al bien de todas y cada una. Diríamos que lo suyo es promotor del bien común.
Constantemente se está posponiendo en favor del bien de sus ovejas.
Lo personal está en segundo lugar puesto que son sus ovejas a quienes se debe completamente.
Siempre está buscando. Mejores pasturas, mejores aguadas, mejores refugios. Lo suyo es siempre buscar lo mejor para quienes están bajo su cuidado.
Se alegra con cada exitosa parición. Sufre cuando guiado por algún dato erróneo llega hasta una mala pastura o hasta alguna aguada seca. Se ocupa del cuidado de cada una de sus ovejas enfermas. No duda en posponer obligaciones con tal de lograr lo mejor para su rebaño. A sol y frío está junto a sus ovejas.
Las ovejas, viéndolo cerca, se saben seguras porque protegidas. Ante cualquier peligro él es el que se encuentra al frente de sus ovejas protegiéndolas sin temor a arriesgar su seguridad. Ante cualquier amenaza de peligro es junto a él donde se concentran las ovejas luego de algunas corridas de desconcierto.
No duda en salir a buscar la extraviada y se goza buscándola hasta encontrarla. No reprocha su extravío, sino que la colma de cuidados para hacerle saber lo mucho que le importa y la inmensa alegría que le produce el haberla encontrado.
No se ata a rutinas o seguridades con tal de buscar lo mejor para su rebaño. No duda en omitir prácticas establecidas con tal de atender correcta y vigilantemente a su rebaño.
No duda en alejarse de los caminos establecidos con tal de obtener las mejores pasturas.
Conoce e identifica la procedencia de cada balido, y el sentido de los mismos.
No piensa como ellas, pero, sí, piensa por y para ellas. Muere por ellas.
Su vida y su muerte es en razón de sus ovejas.
¿Cómo no se iba, Jesucristo, atribuir con propiedad aquel título?¿No fue eso lo que hizo en favor de la humanidad? No ver en lo realizado por Jesucristo la tarea de un muy buen pastor es estar pretendiendo mirar en dirección equivocada. Saber que no hemos sido nosotros quienes le hemos elegido sino Él quien nos eligió es una razón más que válida para sentirnos comprometidos y agradecidos. Seguirle con confianza es buscarle constantemente para tener la certeza de que poseemos lo mejor.
Lunes 27 de Abril, 2026 231 vistas