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Viernes 02 de Octubre, 2026 149 vistas

La crisis silenciosa de un mercado laboral que retiene a trabajadores en la informalidad e incertidumbre

Por Enrique Henderson
El Instituto Nacional de Estadística reveló los números correspondientes a los indicadores del mercado de trabajo en el territorio nacional, exponiendo la dura realidad social y productiva que atraviesa el departamento de Salto. En un contexto donde la media nacional marca una tasa de actividad de 64,1%, una tasa de empleo de 59,5% y un desempleo del 7,2%, la estructura socio-laboral salteña exhibe brechas estructurales que condicionan de manera severa el desarrollo de miles de familias de la región. Las estimaciones departamentales confirman que el desempleo en Salto oscila en el entorno del 8%, posicionándose de manera persistente por encima del promedio del país. Sin embargo, la cifra de desocupación representa únicamente la punta del iceberg de un problema mucho más profundo e intrincado: la calidad del empleo existente y las asimetrías de un mercado acorralado por el comercio transfronterizo. 
LA TRAMPA DE LA INFORMALIDAD 
Detrás de cada estadística oficial se esconde un entramado de precariedad que golpea de lleno la seguridad social. En el departamento de Salto, la tasa de informalidad laboral roba protagonismo de manera dramática: supera el 30,1% de la población ocupada. Esto significa que más de 3 de cada 10 trabajadores salteños desempeñan sus tareas diarias al margen del sistema de previsión social, careciendo de coberturas básicas ante despidos, seguro de enfermedad, accidentes de trabajo o una jubilación digna a futuro. Esta cifra sitúa a Salto en la nómina de las zonas con mayores niveles de no registro en la seguridad social a nivel nacional, superando ampliamente la media del país, que se ubicó en el 20,8% para el mes de agosto. 
EL IMPACTO EN MUJERES Y JÓVENES
Al desglosar la dinámica ocupacional del litoral norte, la grieta de género y edad emerge como una variable crítica. A nivel país, la desocupación golpea con especial dureza a la población joven menor de 25 años, cuya tasa de desempleo supera el 24,3%, triplicando la media general. En Salto, este fenómeno cobra proporciones dramáticas ante la falta de oportunidades de primer empleo y la escasa oferta de vacantes técnicas y profesionales de alta calificación. Asimismo, las brechas entre hombres y mujeres continúan marcando el pulso de la economía regional. La tasa de empleo en el sector masculino supera históricamente en más de 15 puntos porcentuales a la femenina dentro de las ramas agrícolas y de empaque tradicionales. Salto exhibe una de las distancias más pronunciadas en participación laboral, donde miles de mujeres se ven desplazadas hacia labores de cuidados no remuneradas o forzadas a insertarse en el circuito del comercio informal para garantizar la subsistencia diaria.
DESAFÍO ESTRUCTURAL 
Analistas económicos coinciden en que la radiografía laboral presentada por el Instituto Nacional de Estadística no es fruto del azar, sino el resultado acumulado de choques externos y rigideces locales. La fluctuación cambiaria y la brecha de precios con los países vecinos marcaron a fuego el tejido comercial del departamento durante las últimas temporadas, destruyendo miles de puestos de trabajo directos e indirectos en el comercio minorista y los servicios. A este panorama se suma la estacionalidad inherente a la citricultura y la producción hortícola, motores históricos de la mano de obra salteña que hoy demandan esquemas de diversificación urgente.