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Viernes 25 de Septiembre, 2026 242 vistas

¡La previa de la batalla que transformó al Uruguay!

Por Pablo Perna
“¡Usted Dr. no sabe lo que tiene en sus manos!”. La sala de remates en la Ciudad Vieja lucía imponente, piso de listones largos de madera, zócalos de azulejos bordó ornados, ventanales altos y vitrinas de época colmadas de antigüedades. En primera fila, sentada en las clásicas sillas de Viena, ya aguardaba Mercedes Menafra, ex primera dama y viuda del presidente Jorge Batlle. 
La sala estaba colmada y la expectativa se palpaba en el aire. De pronto, entre el bullicio se estaciona un vehículo frente a la puerta del viejo local y baja el dos veces presidente de la República, Julio María Sanguinetti, acompañado por su esposa, la historiadora Martha Canessa. Lo esperaba el anfitrión e histórico rematador Zorrilla, quien los guió a sus lugares de honor y de esta manera dio comienzo a la subasta.
Lo que se remataba eran los objetos más íntimos y personales del transformador del Uruguay, Don José Batlle y Ordóñez. Entre los lotes se encontraba su reloj de bolsillo con su cadena, ambos de oro, el relicario de su hija Ana Amalia con su foto y un mechón de su cabello (fallecida a los 18 años víctima de la tuberculosis), su cédula de identidad de cuando ejercía la Presidencia y su credencial cívica. En la primera hora de la jornada, el Dr. Sanguinetti dio batalla y en medio de pujas internacionales que alcanzaban miles de dólares, se adjudicó la cédula y la credencial de “Don Pepe” que hoy se exhiben en la Casa del Partido Colorado. Entre aplausos, el expresidente se puso de pie y exclamo: “¡Se adquieren en propiedad del Partido Colorado!”. 
Tras lograr su cometido, Sanguinetti se retiró de la sala olvidando otra de las joyas que atesoraba Batlle y Ordoñez, la que se había dado amplia difusión y destaque en los catálogos del remate; se trataba de una carta manuscrita redactada y firmada por quien sería el fundador del Partido Nacional, Manuel Oribe, dirigida a quien sería el fundador del Partido Colorado, Fructuoso Rivera, fechada en Montevideo el 31 de octubre de 1835.
En esa época no habían nacido todavía las divisas y consta en la carta que se trataban afectuosamente, en cuanto Oribe le escribe a Rivera: "Distinguido general y apreciado amigo". A días de haber escrito Oribe esa carta, el 18 de noviembre de 1835 mandó a auditar las cuentas de la presidencia de Rivera y a los dos meses de esa carta, el 9 de enero de 1836, disolvió el cargo que ostentaba Rivera, la “Comandancia General de la Campaña”, cargo que había sido acordado en el pacto político previo por el cual Rivera había aportado sus votos para elevar a Oribe a la presidencia. Rivera acató en silencio y se retiró a su estancia. La tormenta definitiva se desató cuando Oribe restableció el mismo cargo, pero designó a su propio hermano, Ignacio Oribe. Aquello fue visto como traición y una provocación e inminente intentona de despojo político.
Ese profundo encono entre ambos caudillos terminó estallando en el campo de batalla el 19 de septiembre de 1836, donde las fuerzas de ambos se enfrentaron por primera vez en la histórica Batalla de Carpintería. Fue allí, en medio del combate y para no confundirse entre hermanos en el caos de la contienda, donde nacieron formalmente las divisas, mientras las tropas de Oribe usaban la vincha blanca de “Defensores de las Leyes”, los hombres de Rivera improvisaron su distintivo rasgando el forro de color rojo interno de sus ponchos. Nacían así, sin saberlo sus protagonistas, que estaban creando los dos partidos políticos más antiguos del mundo
Al enterarse tiempo después de que yo había adquirido esa carta que selló el preciso instante previo a que el Uruguay se dividiera en dos divisas para siempre y se comenzaran a escribir las páginas más profundas de nuestra identidad nacional, Sanguinetti me llamó por teléfono para pedirme imágenes del documento para su archivo personal, y me dijo la frase que da título a estas líneas, agregando: “luego de esa carta se pelearon ambos, uno formo el Partido Blanco y el otro el Partido Colorado”. 
El pasado domingo se cumplieron 190 años de la Batalla de Carpintería, que fue la chispa inicial que transformó a nuestro país, y 191 años de esa carta entre “amigos” y caudillos, por lo que al celebrarse tan importante fecha no queríamos dejar pasar por alto en estas columnas de los viernes, anécdotas pintorescas que casualmente nos ha tocado vivir.