Por el Padre Martín Ponce De León
Faltaban cinco minutos para las nueve de la mañana del martes cuando llegó la noticia despertando diversos comentarios que no hacían otra cosa que manifestar una gran sorpresa.
Poco a poco su mente se fue extraviando. En un comienzo solía tener momentos de lucidez, pero esos momentos, con el paso apresurado del tiempo, fueron cada vez más breves y más espaciados.
Llegó un momento que requería un cuidado particular que la comunidad no podía brindarle. Fue, así, que se resolvió su traslado a Montevideo. Tenemos la casa “Mamá Margarita” donde los salesianos que requieren algún cuidado especial por motivos de salud, lo reciben. Allí pasó sus últimos días.
El lunes recibimos un mensaje donde se nos decía: “Está con internación domiciliaria por un cuadro respiratorio leve”. El martes el mensaje era despertador de sorpresas e impacto: “Hace unos instantes falleció nuestro hermano Carlos Bajac. Recemos por él.”
Durante muchos años se dedicó, con convicción y fortaleza, a promover el movimiento Scouts. Ello era parte de su identidad. En las comunidades donde estuvo supo, potenciar o fundar tal movimiento. Durante muchos años se dedicó a tal realidad desde una coordinación nacional que sabía disfrutar y entusiasmar a otros.
Marchas, excursiones, campamentos y diversas reuniones eran de mucha importancia para él y no tenía dificultades para organizarlas y participar de ellas.
Últimamente, cuando su mente ya se había alejado de la realidad, continuaba suponiendo e imaginando reuniones de preparación para algún congreso o campamento importante. Era muy grato escucharle hablar de sus dificultades para la práctica de algunas tareas y su conocimiento de lo que fuese teórico. Tenía bien en claro la importancia de los fogones y su necesidad en los campamentos, pero reconocía su dificultad para saber encender un fuego.
Tal dedicación le permitía establecer un vínculo muy cercano con aquellos que lograba incorporar al movimiento y ponía en ello todo su sacerdocio para fortalecer y enriquecer y mantener tal vínculo. Para él, el movimiento Scout, era un instrumento que le ayudaba a vivir su realidad de salesiano, como, también lo era, su identidad con todo lo que hacía al movimiento de renovación carismática.
Eran dos vivencias en las que ponía su dedicación y esfuerzos, por más que pudiesen parecer lejanas una de la otra. En él eran dos actividades que iban muy unidas y se identificaba con ambas.
Tanto en Mercedes como en Salto (lugares donde estuvo desempeñando diversas tareas) dejó su huella con la presencia de ambas manifestaciones fuertemente arraigadas.
Llegó un momento en que su memoria comenzó a fallar. Había realizado tanto uso de la misma que la agotó hasta perder nociones de la realidad.
El martes le llegó el momento de “levantar su último campamento”. Ya no debía ocuparse de cosas materiales para guardar y llevar. Ya no debía ocuparse de lo teórico ni de lo práctico. Solamente debía llevar su disponibilidad y entrega. Solamente debía llevar lo que había brindado buscando ser útil a los demás. Debe de haber guardado su servir con disponibilidad y su ayudar a quien le solicitase una mano, por más que, muchas veces, se abusasen de su bondad.
Levantó el último de sus campamentos y se fue a participar de ese definitivo en la casa del Padre Dios. Allí, dejándose guiar por el Espíritu, organizará algo con lo que será él en plenitud y para siempre.
Carlos, allí, en ese campamento definitivo, podrá disfrutar de la paz eterna y de Dios.
Sábado 06 de Diciembre, 2025 158 vistas