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Lunes 11 de Mayo, 2026 43 vistas

Llegó el frío

Por el Padre Martín Ponce De León
A quienes no nos agrada el frío no tenemos más remedio que prepararnos para convivir con él durante un buen tiempo.
Convivir con él es preparar nuestras ropas propias de la época que está comenzando, es abastecernos de algunos remedios y colocar alguna frazada más en la cama. Es, también, asumir que habremos de pasar algunos ratos de más encerrados en la pieza,
Ante todo, no puedo dejar de esbozar un gracias a Dios, puesto que ello está dentro de mis posibilidades.
Mientras en la calle se hacía sentir la baja temperatura rebajada un algo más por la insistencia de un viento imposible de ignorar, no podía dejar de pensar en esas personas que viven en situación de calle.
Al primero de ellos con quienes me crucé, ante mi pregunta de cómo lo trataba el frío, me respondió con un muy sincero: “Aquí estoy …… de frío, pero hay que hacer la diaria” Luego de tal respuesta no realicé más mi pregunta. Ya sabía la respuesta.
Es evidente que respeto a quienes afirman su predilección por el frío sobre el calor. El frío, poco a poco, nos va haciendo sentir, algo así, como una cebolla. Cubiertos de capas.
Camiseta, camisa, algún pullover y alguna campera. Todo ello, pero, el frío se siente igual. Es una realidad que se adentra en nosotros por cualquier trozo de piel que quede a la intemperie.
También, lo sé, están quienes, por sobre gustos personales, dan gracias a Dios, por la llegada del frío, puesto que ello implica el final de muchos insectos o microbios que, aprovechando el calor, producen daños asociados a su supervivencia.
Sobradamente sé que de nada sirve quejarnos del frío. El mismo no se va a retirar para complacernos y, con quien nos podemos quejar, no vive dentro de una burbuja que le impide saber hace frío o que el viento hace sea más notorio el mismo.
Quejarnos carece de sentido. Debemos aprender, aunque no nos agrade, a convivir que una realidad climática que no depende de nosotros. Generalmente, nuestras quejas, responden a una impotencia que no sabemos transformar o darle una utilidad.
La mayoría de nosotros poseemos elementos que nos ayudan a paliar la realidad del clima frío y ello, en lugar de una queja, debe ser motivo de una gratitud. Es, también, una oportunidad para tener presentes a, esos muchos, que cuentan con muy escasas posibilidades de utilizar elementos para combatir al frío. Es, también, una oportunidad para tener presentes a esos que se engañan a sí mismos refugiándose en el alcohol como abrigo interno sin tener presente que, ello no es otra cosa, que un fugaz engaño y un importante daño.
Es, también, una oportunidad, para hacer gesto bien concreto, la solidaridad. Es acercar un abrigo que, porque no lo usamos, queda colgado en algún placar. Es animarnos a acercar algún plato de comida caliente a alguno de esos muchos que esperan la noche para volver a comer algo caliente en algún refugio.
Nos envolvemos, nos quejamos y, con mucha facilidad, nos olvidamos que hay muchos que, no nos deben de interesar las razones de su situación, que están en una situación más complicada que la nuestra.
Ellos, también, pasan y sufren el frío. No podemos encerrarnos en nosotros como si fuésemos los únicos que sufren al frío.
Llegó el frío y es una oportunidad para hacer algo por los demás.