Por Pablo Perna
En este mes se conmemora otra fecha de la Declaratoria de la Independencia del 25 de agosto de 1825 y se ha virilizado por los grupos políticos e históricos de WahtsApp que integro, un video del médico argentino de los más importantes del mundo, René Favaloro. Se lo muestra en una conferencia dada en 1993, hablando sobre nuestra independencia, de Artigas, a quien veneraba, del desembarco de los “33 Orientales”, del libertador Lavalleja, de los intereses ingleses de la mano de Lord Ponsonby, hasta menciona letras del canta-autor y poeta uruguayo Alfredo Zitarrosa, el que no lo conociera, el solo hecho de escucharlo diría que es mas uruguayo que muchos uruguayos. Concluye su conferencia afirmando: “soy un criollo auténtico”.
El Dr. Favaloro, supo reflexionar en más de una ocasión que aquella declaración de independencia expresaba la unión de dos pueblos, que ni los ríos, intereses y mapas jamás lograron dividir lo que la identidad común ya había soldado y la historia, que teje sus hilos con una paciencia misteriosa, quiso que esa mirada sobre la hermandad rioplatense cobrara una encarnación dolorosa, humana y eterna a orillas de nuestro puerto de Salto.
René Favaloro fue un gigante de la humanidad. Inventó y perfeccionó la técnica del “bypass coronario”, que no solo revolucionó la medicina moderna, sino que salvó y continúa salvando a millones de vidas en todo el planeta. Pudo haber sido multimillonario, pero se negó rotundamente a patentar su invento, entendía que el conocimiento médico pertenecía a la condición humana, no al mercantilismo. Vivió para entregar su vida a los demás -y sin embargo- el destino le deparó un desenlace trágico y amargo en aquel triste julio del año 2000. Asfixiado por las deudas que mantenía su clínica, agobiado por la corrupción política y sindical argentina que les pedían coimas para seguir funcionando, la que siempre se negó a pagar y el hecho que debía de despedir a cientos de su personal, culmina tomando la decisión trágica de pegarse un tiro en su corazón. Irónicamente puso a funcionar a millones de corazones rotos ajenos, pero decidió quebrar el suyo para seguir salvando a otros corazones después de su muerte.
Los hombres de esa magnitud nunca mueren del todo mientras la gratitud los mantenga vivos y en Salto, esa gratitud tuvo un nombre y un apellido, el tres veces Intendente de Salto Escribano Eduardo Malaquina. Años antes de aquel desenlace, la vida del histórico Intendente pendió de un hilo debido a una severa afección cardíaca. Cruzó el río hasta la Fundación Favaloro en Buenos Aires y puso su corazón en manos del maestro cirujano. La intervención fue un éxito, Favaloro le salvó la vida a Malaquina y permitió devolverle al departamento a uno de sus líderes más importantes de nuestra historia reciente.
Malaquina jamás olvidó de quién era el latido que continuaba impulsando sus días, motivo por el cual luego de la muerte de Favaloro el Intendente promovió un homenaje al cirujano que había salvado su vida, levantando una placa conmemorativa soportada por un pedestal de cemento con un corazón grabado, localizada frente a la plaza de la Casa de Gobierno donde se abre majestuosamente al Río Uruguay. La placa de bronce fue robada, pero se mantiene latente el corazón incrustado en el cemento.
El tiempo hizo el resto del milagro. Años más tarde, el pueblo de Salto, en reconocimiento a la trayectoria y la entrega de su tres veces intendente, resolvió denominar con el nombre de Avenida Escribano Eduardo Malaquina a la arteria que bordea y abraza ese justo homenaje a Favaloro. Hoy, quienes caminan frente a la Casa de Gobierno ven el punto exacto donde la vida de un gran salteño y la obra de un gigante argentino convergieron para siempre. Viernes de reflexiones sobre la gratitud y grandeza de la vida.
Viernes 07 de Agosto, 2026 541 vistas