Por Pablo Perna
Esta semana en el cine se estrenó a nivel mundial “La Odisea” de Homero, dirigida por Christopher Nolan. Cuenta la épica griega, que Odiseo, aquel legendario rey de Ítaca de mente prodigiosa, célebre entre los mortales por su inteligencia táctica y por haber sido el ideólogo del Caballo de Troya, se vio condenado por la furia del dios Poseidón a vagar sin rumbo por mares embravecidos, castigándolo esencialmente por su “soberbia”.
Sin embargo, aquél veterano de mil batallas debió enfrentar el tramo más sombrío y desgarrador de su travesía al aproximarse al angosto estrecho de Mesina. A un lado del canal rugía Caribdis, un remolino colosal impulsado por la fuerza divina, capaz de tragar en sus entrañas la embarcación completa. Al otro lado, encaramada en las rocas del acantilado, aguardaba Escila, una criatura grotesca y sangrienta de seis cuellos y fauces voraces.
Fue la diosa Circe quien le reveló la amarga verdad: no existía maniobra ni heroicidad capaz de vencer la geografía del estrecho sin sacrificios. Si Odiseo intentaba luchar o buscaba la salvación total, la nave entera caería en desgracia, la única opción era rozar el acantilado y entregar un tributo de sangre a la bestia. El propio rey relataría tiempo después que el momento más pavoroso de toda su vida no fue enfrentar ejércitos ni monstruos en el mar, sino escuchar los gritos desesperados de sus hombres más fieles, quienes, suspendidos en el aire y atrapados entre los colmillos de la bestia, estiraban sus manos hacia él e invocaban su nombre entre agonías antes de ser devorados vivos. No hubo victoria, solo la administración de un daño imposible de evitar ante un mal mayor.
Tres milenios después, el Uruguay del primer semestre del año se asoma exactamente al mismo estrecho embravecido de Mesina. Las frías estadísticas presentadas también en esta semana por el Ministerio del Interior, marcan un registro de 195 homicidios consumados en los primeros seis meses, la cifra más alta para ese período en los últimos ocho años que nos retrotrae a la época del inefable Bonomi. Las críticas políticas no se hicieron esperar, como ejemplo el senador Sebastián Da Silva ironizó públicamente sugiriendo que el gobierno debería sustituir al ministro Negro por el "Pacha" Sánchez, asegurando sarcásticamente que con ese enroque "en un año tendríamos paz".
Quienes apelan a la memoria vemos la gestión de Jorge Larrañaga al frente de la cartera en 2020 y 2021, cuando los homicidios cayeron a mínimos históricos de 131 casos en el primer semestre, pero se omite decir que aquella tregua no fue obra de un conjuro mágico, sino del impacto extraordinario de una pandemia global que paralizó la movilidad social y alteró las dinámicas delictivas en todo el mundo. Tan pronto como la vida volvió a la normalidad, el delito recuperó en nuestro país su piso estructural histórico, entre 7 y 8 homicidios por semana.
La realidad es que el problema de la seguridad uruguaya no reside en el apellido de quien ocupa el despacho del Ministerio del Interior, a un lado del estrecho seguiremos teniendo el remolino de Caribdis con el narco y del otro las cabezas de Escila con un sistema penitenciario que actúa como central de mandos del crimen organizado, la violencia del microtráfico y la marginalidad que recluta jóvenes descartables para apretar gatillos en la periferia. Sustituir a un ministro de perfil técnico y tres décadas de trayectoria penal como Negro por cualquier otro nombre, puede servir para oxigenar mandos en las jefaturas, medios de comunicación, o montar un vistoso simulacro de reacción gubernamental, pero no soluciona los serios problemas estructurales de fondo, que no dependen solo del Ministro, sino del Presidente y su Gobierno.
Pero si lo que buscamos es show, entretenimiento y ficción, sale mucho más barato pagar una entrada para ver la película de Nolan en el cine. Allí, por lo menos, sabemos de antemano que las decisiones trágicas de la pantalla son solo efectos especiales y mitología griega milenaria, mientras que en las calles del Uruguay real, aunque cambiemos de capitán, los monstruos del fondo seguirán vivos devorando descorazonadamente a miles de almas uruguayas.
Viernes 24 de Julio, 2026 229 vistas