Por Pablo Perna
En Uruguay a principios de la década de 1970, en plena democracia, la Policía estaba completamente desbordada, los homicidios, secuestros, venta ilegal de armas se multiplicaban y las cárceles evidenciaban una vulnerabilidad absoluta, escapándose del penal de “Punta Carretas”, más de 100 integrantes del MLN – Tupamaros en unos pocos minutos mediante un túnel. Ante este escenario de descontrol, el presidente Jorge Pacheco Areco determinó que la Policía sola no podía, por lo que en 1971, por Decreto solicitó de forma oficial la colaboración del Ejército Nacional para el combate al delito.
Bajo esa norma se aprobaron las llamadas “Fuerzas Conjuntas”, que era la unificación operativa de militares y policías con la finalidad de combatir el delito.
Todos sabemos cómo culminó esa historia, lo que nació en plena democracia como un auxilio logístico y represivo temporal para frenar la delincuencia, terminó devorándose a las instituciones democráticas que la habían creado. Antes de que el parlamento fuera disuelto, ese aparato puso presos a la inmensa mayoría de los integrantes Tupamaros, que irónicamente hoy los discípulos de esos presos son los que gobiernan al Uruguay.
Por los motivos expuestos es que el Frente Amplio históricamente siempre se opuso a que los militares colaboraran con la Policía para combatir el delito. Esto es lo que opinaba el mano derecha del Presidente, “El Pacha” Sánchez, cuando en el periodo pasado se realizaba esa propuesta, afirmando: “Me estoy dando cuenta con cierto asombro y preocupación que hay demasiada nostálgicos de la dictadura militar, lo digo por todos los que reclaman que hayan militares cumpliendo funciones policiales, los verdes tienen que estar en los cuarteles y no cumpliendo otras funciones que no están preparados”. Todo el Frente Amplio pensaba lo mismo sin excepciones.
Hoy sin ningún tipo de desparpajo, los que ayer criticaban al Gobierno de Lacalle cuando se posponía que militares colaboraran con la Policía, esos discípulos Tupamaros hoy descaradamente respaldan y justifican que vehículos blindados del Ejército, que fueron donados por el imperio Gobernado por Trump, controlen y patrullen los barrios más carenciados de Montevideo, camuflándolo bajo el elegante eufemismo de "soporte logístico". Este extremo ni siquiera se había insinuado en el plan de Gobierno del Frente Amplio, o plasmado por Orsi y Negro en su conferencia de prensa cheta en Carrasco, cuando presentaban su fantasioso e ilusorio plan de seguridad.
A esta idea improvisada y contradictoria zurda, se suma que por segunda vez y en pública el Ministro de Trabajo, el comunista Juan Castillo, vuelve a cuestionar la decisión del Presidente; ¿Cómo se explica que un empleado del Presidente, como lo es un Ministro, pueda cuestionarle a su jefe abiertamente? Esto acredita no solamente la debilidad institucional de Orsi, sino que el Gobierno es una cooperativa en el poder, donde el Presidente es una mera figura decorativa. Este cinismo no me sorprenderían de personas poco preparadas académicamente, como lo es el caso “del Pacha”, o inescrupulosas, pero si me sorprenden de intelectuales zurdos que justifican complacientemente lo que antes consideraban un sacrilegio.
Este cinismo me recuerda las enseñanzas de Aristóteles, hace trescientos años antes de Cristo, donde ya advertía sobre los riesgos de la Democracia de ser gobernados no solamente por los que no saben qué hacer, sino por personas con infinita capacidad para manipular y convencer de falsedades a la mayoría menos instruida; hoy vemos que el Presidente mediante su secretario, trata de convencernos de que los militares que ayer eran “nostalgia dictatorial”, hoy son honrados ciudadanos al servicio de la Policía, al final la demagogia triunfa, donde no se necesita saber gobernar, sino que basta con saber cambiarle el nombre a las cosas con la noble tarea de hacernos pasar por tontos.
Viernes 26 de Junio, 2026 328 vistas