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Miércoles 31 de Diciembre, 2025 200 vistas

Salto 2025: Un año político para pensar y un 2026 para construir

Por Pablo Vela
El 2025 fue, para Salto, un año político intenso, de debates visibles y silencios que también dijeron mucho. Un año donde las promesas volvieron a ocupar titulares, donde los diagnósticos sobre la ciudad se repitieron (desempleo, falta de desarrollo, insuficiente trabajo de infraestructura, pocas oportunidades para los jóvenes) y donde la ciudadanía volvió a ejercer su derecho más básico: opinar, exigir y esperar.
No fue un año sencillo. La política local mostró, como tantas veces, sus dos caras. Por un lado, el esfuerzo genuino de quienes creen que Salto puede crecer con planificación, diálogo y compromiso real. Por otro, viejas prácticas que siguen pesando: discusiones estériles, confrontaciones personalistas y una sensación de que a veces se habla más de poder que de soluciones concretas para la gente (las canastas de comestibles o de materiales como argumentos por un voto).
Salto llega al final de 2025 con desafíos claros. La necesidad de generar trabajo genuino, de fortalecer la educación y de ofrecer horizontes a las nuevas generaciones sigue siendo una deuda abierta. También lo es la construcción de confianza entre representantes y representados, una confianza que no se gana en campaña, sino en la coherencia diaria entre lo que se dice y lo que se hace.
Pero sería injusto cerrar el año sin reconocer lo positivo. Hubo participación, hubo interés ciudadano y hubo señales de que la sociedad salteña no es indiferente. Cuando la gente discute, critica y propone, la democracia está viva. Y esa vitalidad es un capital que no se puede desperdiciar.
Por eso, mirar hacia 2026 debe ser más que un simple cambio de calendario. Tiene que ser una oportunidad. Una oportunidad para que la política local baje la confrontación y suba el nivel de las ideas. Para que los acuerdos básicos (desarrollo, inclusión, transparencia, diálogo) estén por encima de los colores partidarios. Y para que Salto deje de pensar solo en el corto plazo y se anime, de una vez, a planificar su futuro.
Que el 2026 nos encuentre con menos promesas vacías y más hechos. Con dirigentes dispuestos a escuchar y con ciudadanos que sigan involucrándose. Porque Salto no necesita salvadores, necesita trabajo colectivo.
Que el año nuevo sea próspero, no solo en lo económico, sino también en lo político y lo social. Que traiga más diálogo, más responsabilidad y, sobre todo, más concreciones para todos los salteños.