Por Pablo Perna
Recomendaciones a los lectores para prevenir lo que pueda suceder en los próximos meses: revise el techo de su casa, asegure las chapas, limpie las canaletas, destape los desagües y repare las humedades pendientes. Quien tenga la posibilidad económica de hacerlo, quien no cuente con los recursos necesarios y viva en zonas inundables y/o enchorradas, empiece desde ya a trazar un plan de contingencia, a ubicar refugios seguros entre familiares o amigos y a tomar todas las precauciones posibles a su alcance.
Las proyecciones técnicas e institucionales desde la Presidencia indican que Salto y nuestros vecinos, nos aproximamos a nuestra propia versión de “la tormenta perfecta”.
Lo que se avizora a partir del mes de octubre de este año en adelante, son fenómenos climácicos similares o peores de los sufridos entre diciembre de 2015 y enero de 2016 en Salto. En aquel verano amargo, el río Uruguay rozó la marca de los 15,40 metros frente al puerto, superado la cota de seguridad de 12.00 metros, lo que provoco más de 6000 salteños evacuados de sus hogares.
En el embalse de la Represa de Salto Grande alcanzo su máximo histórico de 36.05 metros, cuando la cota máxima de seguridad operativa de la obra se ubica en 37 metros; por encima de esos niveles, por razones de seguridad estructural, la represe pierde por completo su capacidad de amortiguar la crecida, debiendo abrir sus vertederos al 100 %. En aquella época, testimonios de los funcionarios de CTM afirmaban que la represa “temblaba”.
Hablamos de estimaciones de lluvias de hasta 500 milímetros mensuales, en un departamento donde la media anual histórica gira en torno a los 1.200 milímetros, esto significa que podríamos recibir en dos meses, lo que debe de llover en todo un año. La combinación de las inundaciones que se esperan por el caudal de agua histórico, con lluvias intensas y saturación de suelos, alta humedad e inestabilidad climática continuada, amenazan con poner a prueba, una vez más, nuestros arroyos urbanos, las calles de la ciudad, caminos rurales, mantener la producción, que no decaiga el turismo y comercio, y el sostén de miles de familias.
La tormenta vivida el 18 de julio pasado y luego las lluvias copiosos durante prácticamente dos semanas, que dejaron al descubierto hasta el esqueleto de las viejas calles de Salto, es apenas las olas que vemos retirarse de la playa previo al tsunami, el oleaje gigante todavía no lo hemos visto. Desde el Gobierno Nacional hay preocupaciones serias de lo que se avecina con el fenómeno del “niño fuerte” o “niño Godzilla” para el norte del país, por ese motivo el Presidente Orsi ha convocado el mes pasado a los intendentes para alertar sobre el plan de contingencia nacional, dejando disponible una línea de crédito de 750 millones para cubrir los daños de la catástrofe que se avecina.
En esta línea de razonamiento, este miércoles pasado, el Intendente Dr. Carlos Albisu convoco a una Sesión Extraordinaria de la Junta Departamental de Salto, que se celebro en el Ateneo Municipal, conjuntamente con el Comité de Emergencia Departamental, periodistas y público en general, para informar a la población sobre este fenómeno, sus posibles efectos y las medidas preventivas ante las eventualidades futuras. Por eso resulta incomprensible que algunos sectores hayan mirado de reojo o asombro de la trascendencia de la reciente convocatoria a la Sesión Extraordinaria; lejos de ser un mero trámite formal, la reunión tuvo un objetivo primordial, advertir a la ciudadanía sobre la magnitud del fenómeno que se avecina.
Describir este escenario con toda su crudeza puede sonar alarmista, y de alguna manera busca serlo, sin embargo, el propósito final de esta alerta no es sembrar el pánico ni infundir el temor, por el contrario, es convocar a la máxima prudencia y a estar preparados en caso de que efectivamente estos hechos sucedan y surja la “tormenta perfecta”.
Viernes 04 de Septiembre, 2026 211 vistas