ARMANDO GUGLIELMONE
Las personas que aman a los animales suelen poseer una gran capacidad de empatía y una forma muy especial de relacionarse con el mundo que las rodea. No ven a los animales como simples compañeros si no como seres capaces de sentir, sufrir y expresar afecto, para estas el vínculo que se crea no depende de palabras, status o apariencia si no de una conexión auténtica y sincera. Algo que distingue profundamente a las personas que aman profundamente a sus mascotas es su elevada capacidad de empatía, tanto a estas como hacia cualquier ser vivo. Mientras algunos pueden pasar de largo frente a un animal abandonado, estas personas rara vez permanecerán indiferentes, les afecta mucho el sufrimiento ajeno, por eso suelen emocionarse con las historias de rescate, alegrarse sinceramente cuando un animal encuentra un hogar y sentir una profunda tristeza ante los casos de maltrato. Numerosos estudios en sicología han demostrado que quienes demuestran elevados niveles de empatía hacia los animales también suelen ser personas más compasivas y consideradas con los demás. Su amor por sus mascotas y los animales en general, no es algo separado de su personalidad, es simplemente una manifestación más de su capacidad para conectar con el dolor y las emociones de otros seres vivos. Uno de los motivos de crear, muchas veces, esta fuerte conexión con las mascotas, es que, a diferencia de las relaciones humanas, nuestras mascotas no juzgan nuestra apariencia, nivel económico, los errores que hallamos cometido en nuestra vida ni los logros personales. No les interesa saber cuántos seguidores tienes, cuanto ganas o que tan exitoso pareces a los demás. En este mundo donde las relaciones están acompañadas de expectativas, comparaciones y presiones sociales, la compañía de una mascota puede convertirse en un refugio emocional. Su presencia transmite una sensación de seguridad difícil de encontrar en otros lugares, basta una mirada, un gesto de cariño o simplemente saber que están ahí para sentirse acompañado. También existe una razón biológica para explicar por qué muchas personas se sienten tan bien en compañía de sus animales, su presencia tiene un efecto sorprendentemente calmante sobre el sistema nervioso, acariciar a un perro después de un día difícil puede generar una sensación inmediata de tranquilidad, y no es algo subjetivo, el cuerpo realmente responde a esos momentos de contacto. Se ha demostrado que interactuar con una mascota puede aumentar la liberación de oxitocina, una hormona asociada al afecto y confianza, mientras reduce los niveles de cortisol relacionado con el estrés. Por eso se siente una sensación de paz difícil de describir cuando se está cerca de nuestros animales, quizá sea por esta razón que quienes aman profundamente sus animales suelen sentirse atraídos por ambientes tranquilos y armoniosos, no porque rechacen a las personas, si no porque valoran profundamente la calma. Un animal de compañía es un refugio emocional, una presencia constante que nos acompaña aún en los momentos más difíciles, al llegar a casa luego de un mal día y encontrar a quien se alegra de vernos como que nos hubiéramos ausentado mucho tiempo, nos da paz, tan necesaria en estos tiempos, y nos recuerda que para ellos, somos muy necesarios.
Lunes 29 de Junio, 2026 20 vistas