Por Pablo Vela
Hay frases que duran apenas unos segundos, pero dejan una huella mucho más profunda que cualquier discurso preparado. Cuando el ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Alfredo Fratti, visitó a los productores afectados por el temporal que, hace pocos días, dejó pérdidas millonarias y un panorama desolador para cientos de familias rurales, debió haber pensado mejor como contestar porque no saber no es un delito, pero hablar de más es un gran defecto, sobre todo en un gobernante.
En ese contexto, al explicar que la prioridad de las ayudas estatales serían los pequeños y medianos productores, el ministro remató con una expresión que rápidamente se volvió viral: "Al grande, un besito en la frente y seguí para adelante". Posteriormente reconoció que no fue una expresión "feliz" y sostuvo que se sacó de contexto, aunque mantuvo el criterio de priorizar a quienes tienen menos capacidad económica para recuperarse.
Es razonable discutir cómo deben distribuirse los recursos públicos. Es lógico que, en una emergencia, el Estado establezca prioridades. Nadie cuestiona que el productor pequeño suele tener menos espalda financiera y necesite una respuesta más inmediata. El problema no es ese. El problema es el mensaje.
Porque un temporal no distingue entre chicos, medianos o grandes. Destruye invernáculos, cultivos, infraestructura y años de inversión sin preguntar el tamaño de la empresa. Detrás de un establecimiento grande también hay trabajadores, proveedores, transportistas y familias cuya fuente de ingresos depende de que esa empresa pueda levantarse.
Cuando un ministro utiliza una frase que puede interpretarse como una descalificación hacia un sector que también sufrió pérdidas, el debate deja de ser técnico para transformarse en político y emocional. En momentos de crisis, la ciudadanía espera cercanía, respeto y capacidad de unir. No ironías.
Gobernar implica tomar decisiones difíciles, pero también cuidar las palabras. Un gobernante no solo administra recursos; administra confianza. Y la confianza se construye haciendo sentir que todos los afectados son escuchados, aunque las soluciones no puedan ser idénticas para todos.
Las expresiones “de bar” pueden funcionar en una charla informal. Sin embargo, cuando provienen de un ministro frente a personas que acaban de perder parte de o toda su producción, no hay margen para el humor.
Fratti admitió después que la frase no fue la más acertada. Ese reconocimiento es un paso, pero no elimina el impacto que generó. En política, muchas veces una sola frase termina tapando anuncios con buenas intenciones.
Quizás la mayor enseñanza de este episodio sea que la empatía no tiene tamaño.
Porque, después de un desastre, nadie espera un "besito en la frente". Lo que espera es que el Estado transmita seriedad, sensibilidad y la certeza de que, más allá del tamaño de cada productor, todos forman parte del mismo Uruguay.
Grandes productores han visto sus “grandes emprendimientos” caer ante sus ojos y posiblemente no puedan levantarlo o les lleve mucho tiempo, sobre todo si la ayuda estatal se termina confirmando en los montos que circularon públicamente.
Inoperante, ignorante, incapaz, resentido, que bien le haría al Gobierno comenzar a desprenderse de este tipo de personajes que viven en un mundo paralelo.
Miércoles 29 de Julio, 2026 116 vistas