Por José Luis Toriani
La Asociación de Ciegos de Salto enfrenta una situación de incertidumbre ante la falta de un espacio físico donde continuar funcionando. La presidenta de la institución, Esther Reynoso, dijo a CAMBIO que todavía no hay una solución concreta, pese a las gestiones realizadas, mientras tanto, los talleres se encuentran reducidos al mínimo y, si no aparece una alternativa, deberán suspenderse las actividades.
SIN LUGAR ALTERNATIVO
PARA IR
La Asociación de Ciegos de Salto (ACISA) atraviesa un momento complejo, marcado por la falta de una sede donde desarrollar sus actividades y por la inminente necesidad de abandonar el inmueble que ocupa actualmente. De acuerdo con lo previsto, el próximo 1º de noviembre deberá dejar la casa tras hacerse efectivo el desalojo, sin contar hasta el momento con otro lugar al que trasladarse. La situación genera preocupación entre los integrantes de la institución, que desde hace tiempo buscan una alternativa para garantizar la continuidad de los talleres y demás propuestas dirigidas a las personas con discapacidad visual. Sin embargo, las gestiones todavía no han dado resultados concretos y el tiempo para encontrar una solución se acorta.
ACTIVIDADES INTERRUMPIDAS
Las consecuencias de esta incertidumbre ya se reflejan en el funcionamiento cotidiano de ACISA. La falta de condiciones adecuadas y la necesidad de comenzar a retirar y guardar elementos han reducido considerablemente las actividades que se desarrollan en la sede. “Estamos trabajando muy mal. Tenemos dos o tres talleres nada más y los hacemos en una habitación sola”, había señalado Reynoso al describir la realidad que atraviesa la asociación. El resto de las propuestas permanece interrumpido, mientras buena parte de los materiales y pertenencias de la institución se encuentra guardada en cajas. El proceso de desarmado del local continúa y ya se han retirado distintos elementos, en el marco de la preparación para dejar el inmueble.