Por José Luis Toriani
La Asociación de Ciegos de Salto (ACISA) enfrenta una de las etapas más difíciles de su historia, sigue sin sede propia, con actividades reducidas y sin respuestas concretas de organismos públicos, la institución teme por su continuidad y por el futuro de decenas de personas con discapacidad visual que encuentran allí un espacio de formación, contención e inclusión.
CENTRO DE REFERENCIA
Durante más de dos décadas ACISA ha sido un punto de referencia para personas no videntes y con baja visión del departamento. Con personería jurídica otorgada por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC) y alrededor de 40 personas vinculadas a sus actividades, la organización ha trabajado incansablemente para mejorar la calidad de vida de quienes enfrentan barreras cotidianas que muchas veces pasan desapercibidas para el resto de la sociedad. Sin embargo, hoy la institución atraviesa una crisis que pone en riesgo su propia existencia. La falta de una sede física y el vencimiento del plazo de desalojo del local que ocupa actualmente han colocado a ACISA en una situación límite.
AUDIENCIA A FINES DE JULIO
La presidenta de la institución, Esther Reynoso, conversó con CAMBIO y realizó una cruda puesta a punto sobre la realidad actual. “Nosotros seguimos con el mismo problema”, resume con preocupación. “Estamos viendo la posibilidad de conseguir algo con ANEP, que nos ofrecieron una casa, pero el asunto está complicado porque no está claro el tema del padrón. La abogada está trabajando en eso. También hice gestiones ante AFE, pero todo está muy difícil”. “Para aclarar la situación del padrón incluso nos dijeron que habría que recurrir a una agrimensor de Montevideo para determinar exactamente la situación del inmueble”. Mientras tanto, la institución continúa funcionando en condiciones precarias en su actual sede, a la espera de la audiencia judicial prevista para fines de julio, instancia que será clave para determinar su futuro inmediato. Tras el desalojo, se presentaron recursos legales que permitieron ganar algo de tiempo, pero la incertidumbre persiste.
ACTIVIDADES REDUCIDAS
La falta de espacio físico ya tiene consecuencias directas sobre los servicios que ACISA brinda a la comunidad. Actualmente solo se mantienen algunas actividades esenciales, como los cursos de manejo de celular, informática adaptada y Braille. El resto de los talleres permanece suspendido. “Las cosas de cocina están todas guardadas en cajas. En realidad, casi todo está guardado esperando una solución”, explica Reynoso. La situación afecta especialmente a quienes encontraban en la institución mucho más que un lugar de aprendizaje. Uno de los aspectos que más duele a quienes integran ACISA es la sensación de abandono. “La verdad que desilusiona tanto”. “No hemos conseguido solidaridad de la comunidad salteña. Es como que fuéramos invisibles. Nadie se da cuenta, nadie nos ayuda”.