Ya sé que el cura Martín, su hermano, editorializó sobre Gerardo. Pero, como dijo presuntamente Santa Teresa de Jesús, en año 1.622; "¡vivir se debe la vida de tal suerte, que viva quede en la muerte!"
Ya sé que me dirán: esto es como llover sobre mojado. Pero igual voy a recordar a Gerardo. Era como los árboles, que dan sombra sin pedir nada a cambio.
Su contribución a Casa Amiga lo dice claramente. También el grupo oncológico "Vivir Mejor" lo reafirma.
Lo conocí hace muchos años, cuando trabajaba en su escritorio de Negocios Rurales, vinculado a CYBARAN.
También lo conocí como productor rural, junto a su familia.
Fui compañero de otro de sus hermanos, Pedro.
Y conocí a alguno de sus hermanos, en la obra social Don Bosco.
Familia de origen humilde, pero siempre dispuesta a SERVIR a la sociedad, sobre todo a los más vulnerables.
Recuerdo vagamente a su padre, vinculado al club de fútbol Paso del Bote.
Gerardo, con sus luces y sombras, como dijo Martín, cumplió con la frase de Santa Teresa, si es que la dijo alguna vez, dado que los historiadores no se ponen de acuerdo en este hecho.
Cuando estuve en el velorio, brevemente, saludé a Pedro y a uno de sus hermanos, cuyo nombre no recuerdo.
La fe cristiana de la familia Ponce de León ayudó a Gerardo en los últimos metros de su vida. Tenía un humor irónico, como el de Jorge Luis Borges.
Pasó por esta vida sirviendo, como dice la Biblia.
Se nos fue otro amigo. Como dijo el Padre Martín: chau Gerardo.
Jorge Moller Figueroa