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Sábado 03 de Enero, 2026 7 vistas

Cerrando el año

Por el Padre Martín Ponce de León
Es tiempo de cerrar el año transcurrido y comenzar a abrir el nuevo, que siempre llega con su carga de ilusiones y sueños.
Cerrar el año es mirar hacia atrás y descubrir que Dios nos ha regalado una serie de situaciones que, deberían, ayudarnos a crecer como personas. Son situaciones de muy diversa índole que hemos podido vivir con variada intensidad y aprendido a intentar crecer y madurar como seres humanos.
No necesariamente todas las situaciones que hemos vivido deben ser gratas ya que, muchas de ellas, han venido acompañadas de incomodidades o pérdidas.
Es indudable que han estado esas situaciones gratificantes que nos ayudan a vivir con un corazón desbordando en sonrisas. Son muchas las oportunidades que el año transcurrido nos ha ofrecido y que todas tuviesen un signo gratificante sería, algo así como pretender un año irreal para una vida donde, siempre, se entremezclan las luces con las sombras. Siempre las sombras son necesarias para que resalten las luces. Ello es lo que nos sucede cuando miramos hacia atrás para repasar el año vivido.
Quizás, de todos los años, podemos decir que ha sido un año muy especial, pero hay veces que nos han sucedido abundantes situaciones especiales, y ello hace que veamos al año como muy especial.
En lo personal debo reconocer que este, entre otras cosas, ha sido un año marcado por situaciones de salud. Situaciones no graves o delicadas, pero, totalmente desconocidas para mí. Deber tomar una buena cantidad de remedios a lo largo de cada jornada y, por sobre todas las cosas, convivir con una incomodidad física que no podía ignorar. Cuando salí del sanatorio luego de la primera internación me tocó experimentar la particular sensación de un no poder con mi propio cuerpo ya que todo me requería un gran esfuerzo.
Aprendí a convivir con incomodidades sin la necesidad de quejarme y, mucho menos, de protestar por lo que me tocaba vivir.
Ha sido un año donde he vivido algunas pérdidas cercanas. Un hermano, un cuñado y un amigo y ello me ayudó a valorar y apreciar, mucho más a algunas personas, regalo de Dios, en mi vida. Por más que cada una de esas pérdidas tuviesen un impacto difícil de asumir.
Ha sido un año donde no puedo olvidar algunas realidades que me han ayudado a reforzar determinadas convicciones que crecen en mí. Si bien, este año, muchas veces he sido suspendido, no puedo ignorar el valor de “las recorridas” que siempre son una ayuda para fortalecer el valor de “la pastoral de cercanía” y lo que ello implica. Debo, también, agradecer a “los pide pan” por los encuentros mantenidos. Esto me trae el recuerdo del Racha, Julio y Wilson. Aún resuena en mi interior el momento de oración sostenido en la noche de la plaza. Es un recuerdo inolvidable. También atesoro la respuesta con la participación de algunos de ellos en el Pesebre viviente de hace pocos días. 
Ahora es tiempo de dejar estar todo lo vivido y comenzar a entreabrir la puerta del nuevo año con su carga de ilusiones y sueños que debo trabajar para que puedan hacerse realidad. 
Ahora es tiempo de dejar entrar a Dios para que Él asuma nuestro año y nos ayude a ser útiles y cercanos para los demás y, así, ser colaboradores de la construcción de ese mundo mejor con el que todos soñamos. Un mundo donde el amor sea la clave y razón de nuestro relacionarnos con los demás.