Por el Padre Martín Ponce De León
El Canario era mi AMIGO. Debo escribirlo con mayúsculas puesto que así lo amerita su amistad para con mi persona.
Durante muchísimos años fue el sub director laico del Instituto Juan XXIII, en Montevideo.
En el desempeño de esa actividad, sin duda, resulta muy difícil poder determinar su actividad puesto que uno debe llegar a la certeza de que era todo en el Juan.
Era el profesional que daba una mano en lo que estuviera a su alcance desde su condición de escribano. Daba verdadero gusto leer sus propuestas al “equipo de dirección” puesto que, las mismas, estaban redactadas con tanta perfección que resultaba imposible no atenderlas.
Era el docente que gastaba horas de sus días buscando la manera de que la educación del alumnado respondiera a las necesidades concretas del momento. Siempre estaba buscando la manera de que “el Juan” mantuviese su alto nivel educativo y ofreciese propuestas que lo continuases haciendo atractivo e innovador.
Detrás de su rostro adusto se escondía una persona colmada de trato humano y de cercanía. En “el Juan” nadie era uno más o un anónimo. Desde los docentes, los alumnos, el personal de servicio o los salesianos de la casa, todos podían encontrar esos detalles que decían que él estaba atento a todas las situaciones personales.
Solía tener un vocabulario fuerte, pero ello no era otra cosa que una fachada para ocultar su cercanía y sensibilidad. Nada de los docentes o los alumnos le resultaba indiferente y solía estar muy al tanto para poder dar una mano.
Todos los tiempos de vacaciones curriculares los solía aprovechar en la realización de alguna reforma edilicia buscando más funcionalidad y dignidad.
Sabía de las situaciones particulares de algunos alumnos como de algunos docentes como sabía en qué lugar se guardaban los tornillos que se estaban necesitando o en que frasco se podía ubicar alguna arandela necesaria.
Podría continuar hablando del Canario y su relación con el Juan XXIII, pero, en lo personal, debo confesar que, físicamente, se ha ido un sincero amigo. Con él compartimos muchas horas de charlas sobre muy diversos temas teniendo siempre presente su ocupación por el hecho de que estuviese bien como ser humano y sacerdote.
Sé que no le hará mucha gracia manifieste esto, pero, debo reconocerlo, durante mucho tiempo me ayudó a que pudiese solucionar las situaciones adversas con las que debía convivir. Sabía vivir el concepto fraternidad y ello no era una simple palabra o un algo que se escribe en los documentos. Lo sabía hacer vida y solidaridad silenciosa.
Tal vez, por ello, es que sufría mucho cuando consideraba a alguna situación como injusta o no podía entender algunas determinaciones. Para él lo humano de la fraternidad estaba por sobre todas las actitudes o posturas de vida en relación.
Últimamente, una larga lucha contra una enfermedad, le ocupaba todos sus momentos. Siempre optimista y sin bajar los brazos supo transitar por todos los caminos que se presentaron a su alcance. Nunca se quejaba, sino que descubría, siempre, una razón para continuar batallando. Luchó como un campeón y su lucha es verdadero ejemplo a tener en cuenta.
Gustaba compartir un asado y alguna cerveza en las noches de verano. Ahora, que ya no debe continuar cuidando su salud, se ha de haber encontrado con algunos amigos y estará a las risas y relatando anécdotas disfrutando de la amistad que se cultivó y ahora es plenitud.
Descansa en paz Canario, AMIGO.
Lunes 29 de Diciembre, 2025 199 vistas