El comportamiento de las hinchadas en los grandes eventos internacionales suele dejar lecciones que trascienden lo deportivo. Un claro ejemplo se vive por estos días en el Mundial de la FIFA 2026: la parcialidad de Japón, fiel a su cultura, consume alimentos y bebidas durante los partidos, pero jamás se retira sin antes limpiar minuciosamente su sector de la tribuna. Una muestra de civismo que recorre el mundo y se postula como un ejemplo global. Lamentablemente, la realidad local se encuentra en las antípodas de esa conducta.
DESTROZOS Y ABANDONO EN EL ENTORNO DE LA CICLOVÍA
Hace pocos días, un grupo de productores agrícolas y camioneros ocupó el entorno de la ciclovía que une la zona de La Gaviota con las Termas. El panorama tras la movilización es desolador: el terreno quedó completamente destrozado, el pasto fue devorado por el barro y el paisaje luce surcado por las profundas huellas de camiones y tractores de gran porte. Como agravante, la propia ciclovía en varias partes quedó cubierta de lodo y sembrada de restos de alambre, la huella visible de las cubiertas quemadas durante la protesta. Lejos de adoptar el espejo de la responsabilidad social o de intentar mitigar el impacto de su presencia, los manifestantes optaron por la retirada sumiendo al lugar en el abandono. Destrozaron, ensuciaron y se fueron.
LA RESPUESTA INSTITUCIONAL Y EL COSTO PARA SALTO
Ante la inacción de los responsables, la lógica indicaría la intervención del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (MTOP). Sin embargo, dada la reiterada postura de la actual administración de la cartera de «dar la espalda» a las necesidades del departamento de Salto, las expectativas de una respuesta nacional son nulas. Así las cosas, la responsabilidad —y el costo económico— de limpiar y reacondicionar los destrozos heredados de la manifestación recaerá, una vez más, exclusivamente sobre los hombros de la Intendencia de Salto.

