Por Pablo Vela
En los últimos años hemos observado una tendencia clara: el turismo se consolida como uno de los sectores más dinámicos de la economía, tanto a nivel nacional como regional. En Uruguay, datos oficiales indican que el país recibió más de 3,2 millones de turistas entre enero y noviembre de 2025, con un gasto estimado de casi 1.800 millones de dólares, impulsando la actividad en hotelería, gastronomía, transporte, comercio y otros servicios.
Si trasladamos esta realidad al nivel de un departamento como Salto, los beneficios son palpables. Salto (con su corredor termal de Daymán, Arapey y Guaviyú) forma parte de un corredor turístico en crecimiento que ya se posiciona como uno de los destinos preferidos por visitantes nacionales y extranjeros.
El impacto económico del turismo se deja ver en varias aristas:
-Ingreso de divisas y gasto local: cada turista que llega deja gasto en alojamientos, restaurantes, actividades recreativas y comercio. Ese gasto se traduce en movimiento económico local, vital para pequeñas y medianas empresas que muchas veces dependen casi exclusivamente de la temporada turística.
-Generación de empleos: el sector turístico crea empleo directo (en hoteles, restaurantes, guías, etc.) y empleos indirectos en comercio, entretenimiento, transporte y servicios auxiliares. Por su naturaleza, suele absorber especialmente mano de obra joven y local, reduciendo presión sobre otros sectores más tradicionales.
Por otro lado, existen desafíos que tanto actores privados como el Estado deben atender:
-Estacionalidad: Salto, hoy en día, depende de temporadas altas bien marcadas lo que puede generar picos de actividad seguidos de períodos de relativa inactividad para empresas y trabajadores.
-Presión sobre infraestructura: un aumento significativo de visitantes puede tensar servicios sanitarios, rutas, conectividad y recursos naturales si no hay planificación sostenible.
- ¿Qué le doy al turista?: la persona que por definición llega en busca de ocio espera tener esos lugares, actividades, que le permitan distraerse, descansar, etc. ¿Estamos preparados para ofrecerles algo más que el agua termal, por ejemplo?
Por eso, el discurso sobre turismo y desarrollo debe ir más allá de cifras cuantitativas de llegada de visitantes. Es un llamado a pensar estratégicamente: atraer más turistas no basta si no se acompaña de políticas que fortalezcan la sostenibilidad, la calidad del empleo, la protección ambiental y la integración con otros sectores productivos.
En definitiva, la llegada de muchos turistas es una oportunidad histórica para Salto y otras regiones turísticas. Pero el verdadero desafío está en transformar ese flujo de visitantes en un motor económico que genere bienestar duradero para sus habitantes, diversifique la economía local y potencie la identidad cultural y natural del departamento.