Por el Padre Martín Ponce de León
La pregunta que se encuentra abriendo este artículo se encuentra en los relatos evangélicos, y bien podemos trasladarla a nuestro hoy. Si la pregunta es fundamental, mucho más impactante es la respuesta brindada por Jesús, puesto que, la misma, cuestiona al Jesús en el que creemos.
Muchas veces, cuando se nos presenta a Jesús, se nos lo hace rodeándolo de una serie de normas y rituales y nos olvidamos de la respuesta que ofrece Jesús para identificarse.
La respuesta brindada por Jesús no dice a una doctrina, a una teoría o algún proyecto vital. La respuesta no es otra cosa que señalar su actuar. Es relatar lo que hace.
Ante las necesidades que sus contemporáneos vivían, Jesús se encuentra con ellos y transforma sus vidas. Jesús viene para transformar la vida de aquellos contemporáneos que, necesitados acuden a él y lo dejan actuar.
Jesús no se impone ni avasalla con su actuar, sino que, permite que quienes llegan hasta Él y plantean, con fe, su necesitad sean transformados. El actuar de Jesús requiere de una petición desde la fe.
Jesús no se limita a escuchar o a tener en cuenta las necesidades. Actúa transformando.
No es un alguien que se limita a hacernos los gustos, sino que es un alguien que requiere nos dejemos transformar con todo lo que ello implica.
Jesús hace y dice a la vida cotidiana. Es allí donde actúa y transforma.
Para Jesús lo verdaderamente importante son esas realidades humanas que nos impiden sabernos plenos en el camino hacia Dios.
Es en nuestra realidad cotidiana donde debemos reconocer nuestras necesidades y lo que nos ayuda a acercarnos a Él. Es lo cotidiano donde debemos saber descubrir todo eso que nos impide poder realizarnos plenamente como personas y, sin ello, resulta imposible llegar verdaderamente a Dios.
Es nuestro actuar el que habla de nosotros y de quienes somos. Allí podemos ser ciegos, sordos, mudos o paralíticos. Cuando no sabemos ver las realidades humanas que nos rodean, cuando no sabemos escuchar la voz de los demás que nos piden cercanía, cuando no sabemos transmitir la buena noticia de Dios, cuando no nos acercamos a los demás para brindar una mano. Son, en parte, nuestras necesidades cotidianas y son esas realidades desde las que Jesús busca transformarnos.
Dejar que Jesús actúe en nosotros es experimentar que lo nuestro se vuelve comunión con lo suyo, y lo suyo nos acerca a Dios y su proyecto.
En la medida que somos más plenamente humanos es cuando experimentamos somos más plenamente cristianos y, por lo tanto, más en camino al encuentro con Dios.
Jesús no nos brinda recetas o fórmulas, todo lo contrario, fomenta nuestra libertad puesto que pretende seamos plenamente personas. Por allí pasa nuestra fidelidad a Dios.
Para ser verdaderamente seguidores de Jesús no debemos vivir en una relación vertical para con Dios, sino que necesitamos saber estar muy atentos a una relación horizontal con nuestros hermanos y sus necesidades. Es allí donde nos encontramos con el Dios cercano y Padre que nos presenta Jesús en los relatos evangélicos.
Conozco a alguien que ha sabido hacer de su vida un estar, siempre, disponible para dar una mano a quién le solicite una cercanía. Son esos seres que nos ayudan a saber que lo de Jesús no es una utopía ni una quimera. Es un algo que es posible y se puede ser feliz realizándolo. Por ello cuando escuchamos a Jesús hablando de su hacer es que sabemos que ello es un posible que debemos intentar vivir y, para ello, debemos dejar que Él nos transforme.
Lunes 15 de Diciembre, 2025 217 vistas