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Lunes 01 de Diciembre, 2025 340 vistas

Hacia el 20 de diciembre

Por el Padre Martín Ponce De León
Con el paso del tiempo ya hemos entrado en los días de descuento para llegar a esa fecha y ello hace que se acumulen los detalles a tener en cuenta. No se ponga a preguntarse qué sucede o que tiene de importante esa fecha puesto que, supongo, a usted no lo ha de decir nada y si le dice me quita la razón del artículo.
Ese día, si Dios así lo quiere, realizaremos un pesebre viviente (a las 20 horas) en el Parque Harriague, anfiteatro Víctor Lima. Perdone que hable en plural puesto que me siento involucrado en la actividad.
Cuando se comenzó a manejar la idea, siempre se podía decir que faltaba mucho tiempo y, por lo tanto, no había ningún apuro.
Pero los días no se detienen y continuaron pasando hasta que ya no era tanto el tiempo y se hacía necesario ponerse manos a la obra. Eso fue lo más sencillo de realizar puesto que, más o menos, la historia y el relato son conocidos y no se pueden modificar.
Fue así que se llegó al momento de los detalles. Lo que parecía muy sencillo fue dando paso a detalles que se sumaban y demandaban atención. Algunos detalles eran muy fáciles de solucionar, mientras que otros solicitan más atención y tiempo.
Personajes, vestimentas, implementos, grabaciones, luces. Como que cada cosa nos requería de atención, imaginación o reuniones. 
Cada día que transcurra y descuidemos algún avance, estaremos añadiendo tareas a los días y no se deberían superponer las cosas. Ya, el tiempo, son días que pasan y se deben ir descontando. 
Poco a poco, a quienes estamos involucrados en la actividad, el pesebre viviente, se nos va volviendo tema de conversación y ocupación de la mente. Como que ya resulta imposible no estar viviendo al mismo.
Cada planteo que se recibe no hace otra cosa que reafirmar la razón de lo que se hace ya que, es ahora, donde se reciben los beneficios de estar inmerso en tal actividad. 
La misma tiene sentido en cuanto es una actividad para los demás. La misma adquiere razón en cuanto un mensaje, desde la sencillez, de amor y paz.
Cuando no somos el fin último de una tarea la misma se nos hace desafío que nos lleva a gastar esfuerzos para lograr lo mejor y ello nos colma de dicha, por más que, en oportunidades, experimentemos la sensación de estar más dispuestos a bajar los brazos que a continuar buscando seguir adelante.
Cuando los destinatarios, como en este caso, son los que deseen asistir y no tienen rostros o nombres concretos, el hecho de atender a los detalles se vuelve una gratificante actividad puesto que realizada para los demás, sean quienes ellos sean.
No se busca la perfección de un show sino la posibilidad de compartir un momento de serenidad, cercanía de Dios, amor y paz. Ello exige buscar la atención a los detalles y a la buena disponibilidad de los partícipes.
Mientras tanto, los días continúan transcurriendo y continúan apareciendo detalles a tener en cuenta. La oportunidad de poder brindar una instancia de serenidad y paz en este hoy, tan lleno de prisas y situaciones que nos inquietan. En este hoy donde, para muchos, Navidad es una celebración con vértigo y sobrecarga de preparativos, poder aportar un momento de paz y encuentro con lo esencialhace que el desafío se vuelva gratificante y comprometedor puesto que requiere buscar de brindar lo mejor.
Los días pasan y el camino hacia el 20 se vuelve un ir descontando jornadas y apurando detalles para que se pueda vivir, de verdad, como una actividad colmada de Navidad.